domingo, 12 de junio de 2011

FERNANDO ROSPLIGLIOSI: BUENA CAMPAÑA, MALA CAMPAÑA

Y como penúltimo posteo les dejo la columna de Fernado Rospigliosi en el diario La República, la que bajo el título de Buena Campaña, Mala Campaña, analiza las virtudes y defectos realizados por Ollanta Humala de Gana Perú y Keiko Fujimori de Fuerza 2011 en las recientes elecciones presidenciales, cuya segunda vuelta tuvo un final de infarto:

Ollanta Humala ganó porque tuvo una excelente campaña, realizada por profesionales. Keiko Fujimori perdió porque tuvo una pésima campaña, conducida por aficionados.

Esta verdad tan sencilla es ignorada por la mayoría de los políticos peruanos que todavía no entienden que las campañas, como la mayoría de las actividades de la vida, requieren de expertos en la materia.

El gran acierto de Humala, o de alguno de sus asesores, fue contratar a los consultores brasileños. Y hacerles caso.

Su primera tarea fue cambiarle la imagen, de radical chavista a moderado lulista. No solo fue el programa sino también la vestimenta –pasó del polo rojo al terno y la corbata–, el discurso y los gestos, como el de visitar al cardenal.

Muy importante, Humala, a diferencia de otros candidatos, acató disciplinadamente todas las recomendaciones de los expertos.

Las barreras

Humala tenía muchos flancos débiles y le construyeron barreras para protegerlo de los ataques. Al día siguiente de la primera vuelta, Humala ya estaba en movimiento, abriéndose hacia aquellos que lo rechazaban y atacaban. Conquistó innumerables apoyos.

Humala era ampliamente considerado un seguidor de Hugo Chávez, cuando no una marioneta del dictador venezolano. Pero consiguió el entusiasta respaldo de Mario Vargas Llosa, el más feroz y consistente crítico de Chávez. Los ataques a ese flanco no le hacían ya tanto daño.

Humala es un golpista antidemocrático que trató de derrocar, en complicidad con su hermano Antauro, al gobierno de Alejandro Toledo con la asonada de Andahuaylas, como se encargó de recordar reiteradamente Jaime Bayly. Pero logró el incondicional apoyo del propio Alejandro Toledo. Las acometidas por ese lado no eran tan eficaces.

Humala es un violador de los derechos humanos. Cometió atrocidades en Madre Mía, denunciadas en su momento por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH). Pero obtuvo el respaldo de todas las organizaciones defensoras de los DDHH, que enmudecieron repentinamente respecto a los crímenes de Humala e hicieron campaña recordando los latrocinios del padre de su rival.

Así, la campaña de Humala neutralizó buena parte de los asaltos de sus adversarios, cerrando las brechas con la ayuda de sus antiguos críticos.

Negativa

Los asesores brasileños reaccionaron con rapidez al final de la campaña para socavar las fortalezas de Keiko Fujimori. Las encuestas mostraban que ganaba en mujeres y jóvenes. La campaña de Humala puso en el aire dos spots dirigidos específicamente a esos sectores (el de jóvenes era muy bueno). Y al final desarrolló una implacable campaña negativa con el caso de las esterilizaciones.

Antes habían tenido también varios spots negativos contra Keiko, con similar contenido pero variando personajes: un bodeguero, un ama de casa en la cocina.

El debate, una semana antes de la elección, fue favorable a Humala por la sencilla razón de que puso un solo tema, negativo: Keiko es igual a su padre, su gobierno sería una repetición de los 90. Lo repitió muchísimas veces, única manera de que quede grabado en la mente de los millones de electores. Keiko dijo quince o veinte cosas distintas. No quedó nada.

Encerrada

La principal debilidad de Keiko en la segunda vuelta era lo que fue su fortaleza en la primera: el recuerdo de la década de 1990, su identificación con Alberto Fujimori. Necesitaba abrirse a sus críticos. No lo hizo. Permaneció encerrada en el mismo círculo.

La crítica de sus adversarios era creíble porque estaba rodeada de la misma gente de los 90. Peor aún, varios eran políticos torpes que cometían gruesos errores y tenían que ser sacados de la escena.

La campaña de Keiko no hizo nunca el más mínimo esfuerzo por abrirse. Su única conquista fue Hernando de Soto. Y la última semana, cuando ya era muy tarde, PPK, Luis Castañeda, Meche Aráoz.

Pero, finalmente, todas son personas afines a Keiko. Lo que ella necesitaba, sobre todo, era gente del otro extremo. Lo que hizo Humala, pero a la inversa.

Aficionados

La publicidad de Keiko fue mediocre y jamás reaccionó con rapidez ante los acontecimientos. La culpa no la tienen los publicistas sino la campaña. Contratar publicistas comerciales para una campaña política es uno de los errores más frecuentes de los candidatos.

La raíz del error de Keiko puede deducirse, es muy común. Ella llegó a la segunda vuelta casi sin hacer nada, con los votos del padre. Pero creyó que era por su buena campaña. Se quedó con los aficionados que la asesoraban, suponiendo que eso bastaba. Pero, como se demostró, para enfrentar a profesionales se requieren profesionales.

Lo estrecho del resultado evidencia que con algo de mejor campaña el desenlace hubiera sido diferente.

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MARTÍN TANAKA ANALIZA EL ANTES Y DESPUÉS DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES

Nuestro penúltimo posteo está dedicado al análisis realizado por el Politólogo Martín Tanaka sobre el antes y después de las elecciones presidenciales y publicado en su columna del diario La República bajo el título de Catástrofes e Inercia:

Esta semana empezó con un pequeño amago de “pánico financiero”, para, apenas dos días después, terminar con expresiones de confianza en el futuro del Perú por parte de la elite empresarial. Esto es expresivo de lo poco capaz que es un sector de esa elite de entender lo que sucede en el país, al punto de ir en contra de sus propios intereses. Es como que por un momento se hubieran creído las exageraciones, distorsiones y embustes que alentaron durante la campaña electoral, para dos días después recuperar la cordura y entender que lo que corresponde es buscar aproximaciones y consensos con el presidente electo.

Durante la campaña se expresaron temores legítimos sobre un eventual gobierno de Ollanta Humala. Lo importante es que el candidato los oyó, modificó su plan de gobierno, amplió su convocatoria, y ha sentado las bases para un gobierno que, sin renunciar a su vocación reformista, reconoce no contar con un respaldo mayoritario propio. En realidad, creo que el peligro con el futuro gobierno de Ollanta Humala no estaría tanto en la implantación de una estrategia de confrontación que propicie una ruptura del orden constitucional y lleve a un cambio radical en el rumbo de la economía. Más realista me parece pensar que podría tratarse de un gobierno entrampado por sus límites y contradicciones internas: estamos ante un presidente sin mayor experiencia política, sin ninguna experiencia de gestión pública, sin un partido político propiamente dicho, sin un entorno político consolidado a lo largo de los años.

Tenemos un presidente que llegó al poder inesperadamente después de una suma de accidentes y gracias a una gran voluntad política, que supo aprovechar las oportunidades que se le presentaron, que ha tenido que ir construyendo sobre la marcha un proyecto que ha juntado varias capas de entornos y relaciones disímiles, partiendo de un núcleo más militante y de izquierda, hasta llegar a un conjunto de profesionales y técnicos independientes. Que además ha despertado grandes expectativas, que enfrenta fuerzas que empujan al radicalismo y otras hacia la moderación.

Diversos analistas han hecho comparaciones entre el posible rumbo del gobierno de Humala con la trayectoria de presidentes como Chávez, Morales, Correa y Gutiérrez. Tal vez la comparación más cercana sea con Alejandro Toledo: un gobierno que encarnó una gran promesa de la democratización social y política después del fujimorismo, pero que pagó el precio de las indefiniciones del presidente, de iniciativas contradictorias de grupos diversos, que dieron lugar a constantes marchas y contramarchas. En lo que sí puede terminar pareciéndose a los presidentes mencionados es en que la pura voluntad política reformista puede naufragar por la debilidad en las capacidades de gestión y de implementación de políticas, no solo por la acción de los opositores. El problema de que prime la inercia que marca la ineficiencia del sector público.

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FEDERICO SALAZAR (LA REPÚBLICA): "PERÚ POSIBLE DEBE DEJAR GOBERNAR A OLLANTA HUMALA"

El columnista del diario La República, Federico Salazar, analiza bajo el título Narcisismo Político, la participación de Perú Posible dentro de la campaña electoral y cuál debe ser su posición ahora que Ollanta Humala (a quien le dieron su apoyo) va a gobernar por los cinco años siguientes:

Las elecciones las ganó Ollanta Humala. En el último tramo contó con la adhesión de Alejandro Toledo, de Perú Posible. Es difícil, sin embargo, medir su aporte en número de votos.

Alejandro Toledo hizo declaraciones en contra de votar por Keiko Fujimori. No tuvo una pauta televisiva o de prensa. No prestó su maquinaria partidaria, que se sepa.

Resulta extraño, por eso, que ahora se hable de un “apoyo sin ambigüedades” de Perú Posible a Gana Perú. Ese apoyo quiere decir: obtener cargos en el próximo gobierno. Un “aporte de técnicos” es, en realidad, una toma de puestos públicos.

Si eso sucede, sería una señal, al inicio del gobierno, de la más tradicional y oblicua manera de hacer política. Lo que Perú Posible quiere vender como “seriedad” y “compromiso” no es sino cambalache y contraprestación.

De manera explícita el electorado rechazó que Alejandro Toledo y su partido participen en el gobierno. Se les dejó fuera de carrera porque los electores no los quisieron ni siquiera como participantes de la segunda vuelta.

En vez de ponerse a pensar en qué fallamos, qué debemos mejorar, cuáles son los temas que pide el electorado, Perú Posible se ha dedicado a otra cosa. Se ha concentrado en buscar técnicos para colocar en el gobierno de Ollanta Humala.

Si esto se produce, la ecuación no resulta muy democrática. “Te apoyo en las elecciones, me das tantos puestos en el gobierno”. El apoyo electoral se realiza a expensas de los participantes; la paga, en cambio, en términos, a expensas del erario.

Después de dos campañas electorales en las que obtuvo siempre varios millones de votos, es absurdo pensar que Gana Perú no tiene los técnicos. Si hay un partido con ideología definida y cuadros armados, es Gana Perú.

Aunque ajustada, Gana Perú obtuvo la victoria electoral; por eso, Gana Perú debe gobernar. ¿Acaso Perú Posible debe salvarnos de Gana Perú?

Lo peor que le puede pasar al Perú es que, por falta de compromisos de Perú Posible o de las fuerzas políticas, detenga su crecimiento o desarrollo”, ha dicho Juan Sheput, Secretario Nacional de Política de Perú Posible (Perú 21, 11/6/11).

Sin nosotros, no van a poder gobernar”, es lo que viene a decir. Este narcisismo no tiene fundamento. Al contrario, fue claramente descartado por los electores. ¿Cómo así lo tenemos de vuelta?

Yo le diría a Perú Posible: dejen gobernar a Ollanta Humala. El Perú no se va a detener porque ustedes no obtengan unos puestos en la administración pública.

Que mande el electorado, no el que arregla tras bambalinas.

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JULIO COTLER: "ALAN GARCÍA ES EL GRAN DERROTADO DE ESTAS ELECCIONES"

Y seguimos con las entrevistas, en este caso la realizada por la periodista Flor Huilca de La República a Julio Cotler, quien plantea aquí los desafíos que deberá enfrentar Ollanta Humala: de un lado, fuerte oposición mediática y conservadora, en alianza con las élites empresariales; y, del otro, la presión de sectores extremistas que intentarán radicalizar su gobierno.

¿Qué escenario le espera a Humala como presidente? Hay fuertes presiones para que diga quiénes serán sus ministros.
–Va a tener que resistir las presiones indeseables hasta que tranquilamente pueda tomar las decisiones del caso. No tiene por qué abalanzarse para satisfacer a sus derrotados contendientes.

–¿Ve condiciones para que se apacigüe este clima de presión en su contra?
–Yo creo que eso ya bajó. Todos han reconocido los resultados. Aparte de algunos exabruptos del vicepresidente electo, la gente está hablando tranquilamente. La banca internacional recomienda comprar acciones peruanas y los agentes evaluadores no ven ningún tipo de peligro. Toda la visión catastrófica que nos habían dicho que iba a producir este seudo chavista no es tal. Creo que se van a tranquilizar las aguas.

–¿Habrá un periodo de tregua, una luna de miel entre el gobierno y la opinión pública?
–No sé si le darán luna de miel. Creo que hay algunos medios que le van a saltar a la yugular permanentemente para bloquearlo, y Humala va a tener que aprender, con su entorno, a lidiar con esa situación. Esa gente no va a tolerar que el Estado no solo se encargue de sus intereses sino también de los intereses y necesidades de otros sectores. Vamos a tener un periodo de tensiones alrededor de medidas distributivas, sin que tenga que afectar necesariamente los equilibrios económicos.

–¿Podrá el nacionalismo, con las alianzas que va sumando, garantizar las reformas que ofreció en campaña?
–Humala se va a tener que enfrentar con tres frentes: uno, el externo, que no está dispuesto a ceder en nada para que el Estado pueda hacer medidas distributivas. En segundo lugar, las diferentes tendencias y facciones que se encuentran en su entorno –no digo en el partido porque el partido no existe–. Y en tercer lugar, las demandas sociales. Va a tener que lidiar con todos estos conflictos porque pasado mañana Puno va a demandar, El Comercio va a exigir, al otro día las facciones radicales van a presionar. Eso es el Perú. Es lo suficientemente inestable, con instituciones suficientemente inseguras y débiles como para que se pueda prever una conducción tranquila, fluida de los asuntos.

–¿Esas presiones externas podrán encauzarse de manera democrática?
–Con Toledo y con García también hemos tenido coyunturas complejas que han bordeado situaciones no democráticas, y mal que bien hemos salido de ellas. Yo lo que espero es un poco más de lo mismo porque, bueno, frente a una revuelta puneña habrá los que quieren conceder todo, otros que van a pedir la represión inmediata. Entre esas presiones él va a tener que jugar. Esa es la democracia. Es un asunto en el que se toma y se daca. Y eso en el Perú se considera malo, y no es así. Uno tiene que reconocer una pluralidad de interés que muchas veces son contrastantes entre sí. Uno tiene que, más o menos, ir negociando, ajustando, concediendo, reprimiendo. Es idea de una fluidez institucional, que hay carriles tranquilos, no es el Perú. ¿De qué país estamos hablando?

–¿Lo que Humala y sus voceros han dicho y hecho luego de las elecciones ayuda a generar confianza? ¿Cuáles deben ser sus acciones inmediatas?
–En primer lugar, tomar las cosas con calma y dejar que las aguas se tranquilicen un poco, no digo que vuelvan a su cauce porque eso es difícil. Que tome decisiones poco a poco, de acuerdo con una combinación de objetivos que se proponga. Eso forma parte del arte, de la sabiduría de los políticos. Él va a tener que aprender porque nunca tuvo esas condiciones. Va a ser un aprendizaje político rápido en el que vamos a ver muchas metidas de pata como lo hemos visto con otros presidentes, sin pensar que el mundo se viene abajo.

Triunfó la facción democrática

–Si bien las cosas se están tranquilizando y Ollanta ha garantizado que respetará su compromiso firmado, ¿es suficiente para pensar que será un gobierno democrático?
–Aunque él no quisiera, las condiciones están. Este resultado es el triunfo de la facción democrática del país. Ese 20% que se agregó al 31% de Humala ha decidido la suerte democrática del país. Considero que eso es muy valioso para el futuro del país; supone la existencia de un grueso sector comprometido con el Estado de Derecho y con la distribución de los beneficios del crecimiento económico, es decir, con la democracia. Cuánto él querrá ser demócrata o cuánto no querrá; la voluntad es importante, pero las condiciones son decisivas. Si él ha tenido que cambiar de discurso ha sido porque tenía que ganar la elección y para hacerlo necesitaba de ese 20% democrático. Va a tener que depender mucho de esas condiciones.

–¿Las alianzas que ha sumado en el camino deben reflejarse en el gobierno? ¿Tendría que haber un gabinete plural?
–Sí creo que va a ser un gabinete plural. Creo que vamos a tener diferentes tendencias, diferentes tipos de personalidades que van a necesitar, internamente, jugar democráticamente para llegar a determinados consensos.

–Pero eso es lo que parece complicado. Desde ahora hay una oposición a Pensión 65 y a las medidas sociales que ofrecieron.
–La derecha peruana se va a oponer a cualquier medida distributiva que afecte sus bolsillos y sus principios. Sobre esa base él tiene que partir. No podemos ignorar la existencia y la presión de una buena parte del país, sobre todo voceros importantes que tienen control de medios y de recursos económicos, que van a estar allí. Dejémonos de imaginar que deberían ser otras las condiciones. El problema es cómo él moviliza a la gente interesada en cuestionar esos principios y llevar adelante los cambios. Eso es difícil y será difícil para cualquier actor político que quiera hacer política democrática. Se trata de respetar la pluralidad de interés y necesidades. La cuestión es imaginar cómo se van a desenvolver tensionalmente todos estos problemas, sin pensar que puedan andar juntos y sin caer en una situación de amansamiento total y de abandono total a sus principios.

–Durante la campaña se ha creado la sensación de que un triunfo de Humala podría crear una situación de inestabilidad.
–¿Y con Toledo? ¿Y con García? La gente se olvida. Cree que el Perú es un país estable, maravilloso, que podemos estar en Suiza. Esa no es la situación. La inestabilidad es inherente a la condición peruana.

–¿Hay algún riesgo de volver al primer plan de gobierno y que se abran las puertas para posiciones chavistas?
–No lo creo. Hay suficientes anclas como para impedir que eso suceda. Tenemos suficientes experiencias internas y externas para decir: al primer truco, eso ya lo conocemos. Si acá hay un pánico de pasar de una inflación de 2% a 3% es porque recordamos el año 85, y si nos vienen con que hay que cambiar un poco la Constitución, inmediatamente sospechamos de Chávez, así que estamos vacunados contra los riesgos autoritarios por uno y por otro lado.

–Pero si bien Ollanta dijo que se va en cinco años, se está rumoreando que su esposa postularía a la presidencia el 2016. ¿Esto qué tanto rompe con el espíritu de alternancia que tenía el compromiso que firmó?
–Todavía no ha sido oficializado como presidente y ya están imaginado quién será la sucesora.

–Incluso el congresista Jorge del Castillo ha planteado prohibirlo expresamente.
–¿Por qué? ¿Por qué se le quitan los derechos ciudadanos a la esposa? Si es que los peruanos, en legítimas y democráticas elecciones, queremos elegir a la esposa del actual presidente electo, por qué nos van a prohibir. Pero yo no creo que se dé esa situación y no vale la pena ese tipo de discusiones ahora.

Bayly fue derrotado

–Un sector de la prensa mantiene posiciones abiertamente contrarias a lo que representa Humala. ¿Cómo imagina este flanco? Rafael Rey ha dicho que se dedicará al periodismo. ¿Podríamos llegar a situaciones de conflicto parecidas a las de Ecuador?

–El nuevo gobierno deberá tener suficiente manga como para contrarrestar todo eso, además Bayly no logró derrotarlo. El Comercio fue el derrotado en estas elecciones junto con Bayly y todos los medios en esa línea. Los medios tienen influencia pero no es total. Esos actores ya están en la oposición y habrá una fuerte oposición. El fujimorismo sacó un 48% de votos que no es para desdeñar. Además los poderes fácticos, el sector financiero y los medios de comunicación, a los que se suma la autoridad de la iglesia, con el franquismo que tenemos acá, están allí. El problema es cómo lidiar razonable y eficazmente con estos sectores, sin tener que abandonar sus principios y sus objetivos. Tal vez tenga que prolongar la realización de los mismos, tal vez tenga que mediatizarlos. Eso es posible. Pero hay determinadas cosas que se deberían hacer ya; hay muchas cosas...

–¿Como cuáles?
–Hoy por hoy, ya se incorporó la idea distributiva de Pensión 65, de Cuna Más, de impuesto a las sobreganancias mineras. Hay un montón de medidas distributivas que se pueden desarrollar y que pueden, dadas las condiciones del Perú, ir modificando positivamente el perfil del país. Se puede hacer una redistribución regional de los recursos, reconocer a determinados sectores la legitimidad de sus demandas, dejar de pensar que los peruanos somos tristones y por eso protestamos o que somos perros del hortelano. Hay que tratar a los personas como ciudadanos; eso puede ser de una importancia tan grande como hacer que la gente tenga más plata en los bolsillos.

–¿Cuál debe ser el papel del fujimorismo? Está pendiente el fallo del TC sobre el juicio a Fujimori y están proponiendo la posibilidad de que sea indultado.
–En caso de enfermedad. No se trata de hacer venganza. Se justifica el indulto para un delincuente preso con enfermedad terminal. Ahora, el papel del fujimorismo es liberar al jefe y reivindicar lo que hicieron, al punto de lavarle la cara por todos los delitos que cometieron y, para eso, se asocian con lo más derechista y reaccionario del país.

–En el 2006 Humala también pasó a la segunda vuelta, y políticos y empresarios hablaron mucho de inclusión social. ¿Qué tanto ha cambiado el país desde ese entonces?
–Lo que nadie dice es incluir a quién, en dónde y a qué. La inclusión se ha vuelto una palabra que sirve para todo y para todos. Estas elecciones, como la del 2006, ponen de manifiesto la profunda desigualdad en todo orden de cosas que existe en el Perú, especialmente en la sierra y la selva. El país tiene las desigualdades regionales más fuertes de América Latina. Esas desigualdades no se resuelven únicamente a través de una distribución material de los bienes, sino también a través de una distribución simbólica; hay que reconocer la validez de las costumbres, historias y reclamos de todos por igual.

–¿Este triunfo de Ollanta y anteriormente el de Villarán pueden verse como el resurgimiento de una izquierda democrática?
–Esto me hace recordar mucho el título de una obra de teatro clásica de Pirandello que se llama Seis personajes en busca de autor. Lo que expresa eso es que hay una masa de personas que están buscando la manera de constituirse como un grupo, una colectividad alrededor de una plataforma más o menos consistente. No sé si de eso saldrá una corriente fuerte de izquierda democrática. Mientras no haya una renovación ideológica, teórica y de cuadros políticos, estas izquierdas seguirán ancladas en el pasado.

–¿Quiénes cree que son los grandes derrotados de estas elecciones?
–Alan García es el gran derrotado; no se cumplió su predicción, ni su preferencia. Eso de que él no podía poner presidente pero sí podía impedir que gane el que no quisiera no le funcionó; perdió su predicción y su preferencia. El fujimorismo, en cambio, no ha sido derrotado. El 3% de ventaja no es una derrota aplastante. No sé si la palabra reconciliación vale porque no creo que haya muchas posibilidades de conciliar; van a tener que aprender a convivir, más o menos, contradictoriamente en el país. La idea de que esta vez no vamos a tener los mismos eventos trágicos de la época de Toledo o García es irreal.

“La constitución puede modificarse”

–¿Es justificado el temor a los cambios constitucionales? ¿Por qué generan tanta resistencia?
–Yo no soy partidario de hacer tantos cambios, pero hay que reconocer que las constituciones no son piezas rígidas que deben quedar sin modificación alguna durante mucho tiempo. Ahora, tampoco se trata de aprobar la revocatoria del presidente y de congresistas, cosa que me parece una barbaridad porque a la inestabilidad peruana se le agrega más inestabilidad. Allí sí sería caer en un caos que sería aprovechado por muchos, pero otra cosa es decir que no se pueda tocar la Constitución. Yo no le veo problema.

–¿Incluido el capítulo económico?
–¿Y por qué no? Si es que hay necesidad y consenso, ¿por qué no se puede cambiar? Allí está el temor de lo que pasó en el 80, pero (en Gana Perú) han dicho que se pueden dar leyes puntuales para que determinadas empresas del Estado intervengan en determinadas áreas; yo prefiero eso a abrir la posibilidad de que el Estado intervenga de manera discrecional en cualquier área.

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jueves, 9 de junio de 2011

LA PAUSADA DERROTA DE LA ÉLITE PERUANA. Por Fernando Molina

Bueno, tal como lo mencioné en uno de los últimos posteos, y valga la redundancia, entramos en la recta final de la existencia de este blog (al menos en cuanto a publicaciones), hemos cubierto gran parte del proceso electoral peruano en sus rubros de la elección de un nuevo Alcalde(sa) y un nuevo Presidente de la República, por lo que considero que la meta ha sido lograda y solo nos queda esperar una nueva oportunidad para continuarlo o abrir uno nuevo con noticias, encuestas y análisis de la realidad nacional. Así que, como uno de los últimos artículos que publicamos, les dejo este artículo escrito por Fernando Molina del blog Letras Libres llamado La pausada derrota de la élite peruana, el cual me parece muy adecuado:

El triunfo de Ollanta Humala en las elecciones presidenciales implica una simétrica derrota de la élite tradicional del Perú. Ollanta, claro, no era el candidato de la poderosa burguesía limeña, de las asociaciones empresariales, de los principales medios de comunicación. Pero la derrota de la que hablamos no solo reside en este hecho. Es más grave aún, porque hubiera podido evitarse. Es decir, la élite podía haberla evitado. Si sucedió de todas formas fue por la mediocridad y el egoísmo de los políticos que forman parte de ella.

El triunfo de Humala comenzó a gestarse en la primera etapa de las elecciones, cuando el candidato favorito era el ex presidente Alejandro Toledo, un “cholo” con raigambre popular y, al mismo tiempo, muy buena mano para la economía. Toledo, pese a sus deficiencias, estaba en la posición adecuada para ser el candidato de consenso de las fuerzas democráticas y liberales del país, como intentó que ocurriera Mario Vargas Llosa.

Pero en lugar de abandonar sus intereses grupales en aras del bien mayor, estas fuerzas prefirieron postular a otros aspirantes que, acto seguido, desenfundaron los colmillos y se lanzaron al cuello del predilecto Toledo. Al mismo tiempo, la siempre controvertida prensa peruana salpicó al cada vez más débil candidato con toda clase de acusaciones, algunas tan crudas como una adicción a las drogas.

Resultado: el voto de Lima, baluarte de la modernidad peruana, se dividió y permitió que pasaran a la segunda vuelta “el sida y el cáncer”, como llamó Vargas Llosa a Humala y su contrincante, Keiko Fujimori, hija del dictador que gobernó en los años noventa y purga en la cárcel penas por corrupción y violación de los derechos humanos.

Para colmo, la élite ya acorralada recibió el desafío de quien no esperaba.

El reflejo de clase fue alinearse con Fujimori para librarse de Humala, de sus antecedentes radicales y de la posibilidad de que fuera una continuación del chavismo por otros medios. Pero este reflejo no funcionó porque la candidata en la que se apoyaba no reunía las condiciones para ello (lo que nos remite al primer error).

La línea de fisura fue el antifujimorismo, que al final, como suele ocurrir con lo local respecto a lo universal, resultó más potente que el antichavismo. Esta línea la trazaron Vargas Llosa y su hijo Álvaro. Todo menos Fujimori, dijeron los Vargas Llosa, “Fujimori es el fascismo”.

Dado el margen relativamente estrecho con que Humala se alzó con la victoria, puede suponerse que la contribución del autor deConversación en La Catedral, a quien muchos de sus compañeros del liberalismo latinoamericano hoy no pueden ni ver, fue importante, si no fundamental.

Como en todo lo que hace, nuestro admirado escritor puso en la obra del antifujimorismo sangre y vísceras: empeñó su prestigio, agigantado este año por la obtención del Nobel, rompió con una legión de viejos amigos y desplegó su bienintencionado pero, hay que decirlo, candoroso estilo de compromiso político, confundiendo una opción por el mal menor con el descubrimiento de un Humala que nadie más conocía, que nadie más había podido ver.

Fue una apuesta fuerte. Si resulta que el nuevo Presidente, pese a todo lo que prometió, termina radicalizándose y socavando la meritoria construcción económica en que está empeñado el Perú, hundiría en un solo movimiento al modelo y a los Vargas Llosa.

Con lo que llegamos al último factor de esta pausada y progresiva derrota de la élite peruana. La inteligencia emocional de Humala, quien supo ganarse o al menos neutralizar la animadversión de la clase media limeña, guardiana de la modernidad, con un discurso de exquisita sensatez. Mientras, sus adversarios se despedazaban.

¿Comprendió Humala cuál es la nueva realidad nacional (que a diferencia de Bolivia o Venezuela, no admite aventurerismos económicos) o simplemente empleó una artimaña electoral? Pronto lo sabremos.

Si fuera lo primero, quizá esta derrota de la élite podría ser, además de merecida, una oportunidad de redención para ella. Al costo de disminuir sus privilegios y admitir una mayor redistribución de la riqueza, la burguesía peruana podría ver entonces cómo la “revolución capitalista del Perú” se convierte en un proceso menos “salvaje” y más benéfico para todos.

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ONPE AL 100% DE ACTAS PROCESADAS: HUMALA 51,489% Y FUJIMORI 48,511%


Más información de El Comercio al 100% de actas procesadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) se ratifica el triunfo de Ollanta Humala, ex candidato por Gana Perú, en la segunda vuelta de las elecciones generales celebradas el último domingo.
Teniendo en cuenta que hay un 1,038% de actas observadas, al 98,962% de actas contabilizadas, Humala alcanza el 51,489% de los votos, mientras que Keiko Fujimori, quien fuera postulante por Fuerza 2011, llega a 48,511%.

En cantidad de adhesiones, Humala Tasso registra 7’883.204 y Fujimori Higuchi tiene 7’427.305. Ello otorga al primero una ventaja de 455.899 votos. Ahora solo queda esperar a que los jurados electorales especiales resuelvan las actas observadas para poder contabilizarlas al 100%.

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CONFIEP Y SNI SATISFECHOS TRAS REUNIÓN CON OLLANTA HUMALA

Al parecer, los temores han comenzado a disiparse, al menos entre dos de las organzaciones y/o gremios más importantes del país: La Confiep y la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), las cuales se mostraron satisfechos tras reunirse con el nuevo presidente de la República (aún sin confirmar al 100%), Ollanta Humala. Si no, lean esta nota de El Comercio al respecto:

El presidente de la Confederación de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep), Humberto Speziani, dijo hoy que las dudas en torno al virtual presidente, Ollanta Humala, se han disipado.

Vamos a mirar adelante, ayudarlo y trabajar. Ya creo que no debemos preocuparnos porque vamos a seguir creciendo, pero con mayor inclusión social que es lo que el Perú se merece (...) se han disipado (además) las dudas que tenía la Confiep”, subrayó tras una reunión con Humala en el hotel Los Delfines.

Speziani también manifestó que la caída en la Bolsa de Valores de Lima, tras la elección de Humala, es propia del nerviosismo del proceso electoral y es probable que vuelva a subir, porque los fundamentos de la economía del país están bien.

Según dijo, tras la conversación el empresariado se encuentra conforme con la creación de una aerolínea de “bandera”, a fin de crear mayor competitividad en ese sector.

Comentó que esa nueva empresa tendría capitales mixtos: un capital semilla del Estado, y un capital del sector privado. “Con esa línea de bandera hay más competencia, no le veo problema. No es que van a quitar a alguien, es una nueva empresa para que sean más competitivas las otras compañías”, precisó.

NO MÁS PRESIONES
El presidente de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), Pedro Olaechea, tambien visitó a Humala y destacó la reunión. Según dijo, es necesario darle tiempo al futuro mandatario para que pueda formar su equipo económico.

Indicó que Humala deberá definir cuál es el técnico más indicado que permita conducir sanamente las finanzas del país y en ese sentido, “no hay necesidad de presionar más”.

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miércoles, 8 de junio de 2011

WHY PERU TILTED LEFT. By Max Cameron and Fabiola Bazo

Vote-splitting and bitter memories of Alberto Fujimori handed the left a victory.

What can explain the election of a leftist, nationalist, anti-system candidate in a country that has experienced extraordinary rates of economic growth and significant poverty reduction for the better part of the past decade?

In the first place, the explanation lies in the failure of centre-right candidates in Peru to co-ordinate their strategies around a single leader. Had the democratic right not split its vote between former president Alejandro Toledo (2001-2006) and his erstwhile premier and finance minister Pedro Pablo Kuczynski, the outcome might well have been a pro-system, free market-oriented president with a strong mandate.

In a run-off, Toledo would probably have won handily over either victor Ollanta Humala or Keiko Fujimori. In technical terms, he was the Condorcet winner.

The division of the centre-right in the first round, on April 10, opened the door to a run-off between extremists on June 5. Logically, they had to compete for votes in the centre. Humala moderated his image, abandoning Bolivarian rhetoric from his earlier campaign in 2006, and instead posturing as an apostle of the highly successful former president of Brazil, Luiz Inácio Lula da Silva.

The conversion to moderation and democratic respectability was difficult to sell. Many voters remembered that Humala led a military uprising in 2000, in the dying days of the Alberto Fujimori government, and later offered rhetorical support to an ill-conceived rebellion in Andahuaylas led by his brother, Antauro, in 2005. His own record in combat as a soldier in the 1990s suggested possible human-rights abuses.

But Humala’s competition had to make an equally difficult sales pitch. Keiko Fujimori tried to shake charges that she only sought power in order to free her father, Alberto, who is currently serving a 25-year prison term for human-rights crimes and corruption during his term in office, from 1990 to 2000.

She claimed, unpersuasively, that she would not pardon her father; worse still, her campaign elicited memories of her father’s autocratic and corrupt style, and her entourage included many faces from his government. She handed out food in exchange for support, and ostensibly allowed campaign operations to be run out of her father’s prison compound.

There were rumours that Alan Garcia, the sitting president, was placing intelligence operations at her service, as he had in 1990 when Alberto Fujimori was first elected. In the final days of the campaign, a telemarketer, posing as part of Humala’s campaign, spread rumors that Humala would expel Chileans from Peru, mistreat investors, or was being promoted by Venezuelan President Hugo Chávez.

As the election date drew near, there were multitudinous protests against Keiko Fujimori that reminded Peruvians about human-rights abuses – including massive programs of sterilization of women without their consent – during her father’s reign.

In the end, the outcome of the election was a replay of 2006, except that Humala narrowly won rather than lost. As before, he won by a considerable margin in rural areas, especially the southern highlands, where Peru’s indigenous and peasant voters expressed, yet again, their desire for change. He fought hard to win votes in Lima and the coast, where prosperity has trickled down more rapidly, but was outpolled by Fujimori by a margin of 3 to 2.

For some observers, the idea of a Humala victory in 2011 was inconceivable. It was thought that if he lost in 2006, surely he would win even fewer votes this time around after another five years of growth. It was precisely this overconfidence that led the centre-right to fail to unify behind a single candidate with broad appeal. Moreover, after five years of growth, prosperity remained unequally distributed and heavily concentrated in Lima and the coast.

For years, social scientists have insisted that Peru’s democracy needs strong political parties, and its open economy, export-driven model must be more inclusive. These pleas have all too often been met with complacent yawns and smug rebuffs. “Peru has never had strong parties,” said some. “Modernity can be achieved through growth first; prosperity will trickle down over time,” said others.

As a result, Peruvians have managed to elect an anti-system candidate who has no real party organization, 46 seats in a 130-seat legislature, and a very weak mandate from the people. He will govern in a climate of hostility from the media, business, and much of the political establishment. Yet he has created expectations among his followers and he will have to deliver results.

Humala would do well to follow the model of Lula, as he has promised. He should provide reassurances to investors. This does not preclude mutually agreeable renegotiation of contracts; indeed, several contracts negotiated in the 1990s are soon due to expire and have to be renewed. He should also focus much of his energy on poverty alleviation in the areas most neglected by previous administrations.

He should make political reforms a top priority, but not with a wholesale rewriting of the constitution. The most pressing reforms don’t require constitutional change; they demand a vigorous modernization of Peru’s corrupt and inefficient judiciary and penal system.

Humala should root out malfeasance in public administration wherever possible. Drug trafficking has become a major problem in Peru, and it has started to penetrate the highest levels of power.

Finally, Humala can put Peru in step with the rest of the Andean sub-region by adopting new participatory innovations – referenda and recall, citizen initiatives, community councils, policy consultations. Participatory budgeting is already being practised in municipalities throughout Peru. Consultations with indigenous people should be used routinely to address resource extraction on ancestral lands.

All this can be done within the framework of Peru’s democracy, while fully respecting basic constitutional precepts and the rule of law. The real question, however, may be whether Humala can deliver the goods.

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ONPE AL 98,16%: HUMALA TIENE CASI 500 MIL VOTOS DE VENTAJA SOBRE FUJIMORI

Y por fin se va acabando el escrutinio de actas en la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), en el que se confirma el triunfo de Ollanta Humala, ex candidato por Gana Perú, en la segunda vuelta de las elecciones generales celebradas el último domingo 5 de junio.

En la última publicación de resultados realizada por el órgano electoral al 98,16% de actas contabilizadas y que tenemos gracias a El Comercio, Humala tiene hasta el momento el 51,465% de los votos, mientras que Keiko Fujimori, quien postulante por Fuerza 2011, el 48,535%.

En cantidad de adhesiones, Humala Tasso registra 7’823,719 Fujimori Higuchi tiene, hasta el momento, 7’378,298. Ello otorga al primero una ventaja de 445.421 votos, es decir una victoria inminente e inalcanzable.

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TRIUNFO DE OLLANTA HUMALA EXACERBA EL RACISMO EN EL PERÚ

Bueno, más de un programa le ha dedicado varios minutos a este tema, como el caso de Enemigos Públicos. Me refiero a la reacción "racista" (que palabrita esta)de un sector de las masas ante el triunfo de Ollanta Humala en el reciente proceso electoral, y que mejor que esta nota que viene desde el diario El Comercio de Ecuador, sitio neutral, donde hacen un recuento muy interesante y digno de criticar:

"Espero que Chile bombardee al Perú. Que se jodan y se queden sin nada. Misios (pobres) de mierda", escribe en las redes sociales de Internet una joven que no es ninguna chilena fanática, sino una peruana indignada porque Ollanta Humala ganó las elecciones y será el próximo presidente de su país.

"Ojalá se destruya Machu Picchu, para que no tengan con qué comer", añade otro usuario, en una "äntología" de frases racistas hecha por la página Vergüenza Democrática, que cuestiona ese tipo de comportamientos.

Aunque tras las elecciones la tensión cedió y muchos de los que no votaron por Humala admiten la legitimidad del triunfo y esperan que haga un buen gobierno, algunos sectores de Lima, formados sobre todo por jóvenes de clase media o alta, se niegan a aceptar el resultado y arremeten contra quienes votaron por el izquierdista. Humala, de ascendencia quechua e italiana, ganó por el voto no limeño.

De hecho, en la capital perdió frente a la derechista Keiko Fujimori con un 57 contra un 43 por ciento, pero le dio vuelta al resultado al imponerse en el resto del país, sobre todo, con holgura, en los Andes sureños.

"Cholos ignorantes de mierda. Vienen a cagar más al Perú", anota un usuario. "Malditos indios ignorantes". añade otro.

"Puneños (gente del departamento andino de Puno, básicamente aymara), muéranse de frío", afirma un tercero.

"Ya nos jodimos, aceptémoslo. Y gracias a los resentidos, acomplejados, ignorantes, terrucos (terroristas), comunistas, que se creen muy dignos votando por él", se lee en otra cuenta.

Para el psicoanalista Jorge Bruce, coyunturas como la electoral hacen que se destape el racismo sumergido en el inconciente de buena parte de los peruanos.

Sociólogos como Sinesio López y Gonzalo Portocarrero atribuyen ese racismo a un rezago colonial.

Esos sectores se niegan a creer que su odiado "cholo fracasado de porquería" vaya a ser presidente.

Ese fenómeno era ya intenso desde antes del domingo y ha acompañado el ascenso de Humala, quien, aunque limeño, proviene de una familia del departamento andino de Ayacucho, con excepción de su abuelo materno, un inmigrante italiano.

Aunque es difícil establecer de dónde provienen cuantitivamente esos sectores, los analistas no creen que se trate de seguidores originales de Fujimori, pues él movimiento de ésta también se apoya en sectores populares y mantiene bases importantes entre los con desprecio llamados "cholos".

Posiblemente, esos sectores provengan de quienes en primera vuelta apoyaron al liberal de derechas Pedro Pablo Kuczynski, un millonario hijo de alemán y francesa que despertó las esperanzas de los "blancos".

De hecho, los ataques iniciales tras la primera vuelta también incluian a quienes votaron por Fujimori, aunque poco a poco esos ultras empezaron a hacerla su candidata.

Las elecciones del domingo polarizaron al país y lo dividieron geográficamente. Mientras en casi todos los departamentos del interior Humala ganó, en algunos casos con hasta un 75 por ciento, en Lima la superioridad de Fujimori quedó clara.

No obstante, y por paradoja, parece ser que Lima definió en buena parte, pues las diferencias amplias que hubo en sondeos durante el proceso se redujeron al final.

Fue incluso un fenómeno perceptible, cuando algunas personas de clases medias, incluida la mayor parte de la intelectualidad, se decantó por Humala, argumentando razones éticas insalvables para no votar por un proyecto percibido como de el ex presidente Alberto Fujimori, padre de Keiko.

Más allá de posiciones ideológicas, el racismo juega un papel central, pues incluso ya lo sufrió un centrista como el ex presidente Alejandro Toledo, contra quien, según los analistas, más allá de posibles errores y deficiencias, hay un sentimiento contrario que simplemente se basa en su cara indígena.

El fenómeno es difícil de cuantificar, pero evidentemente hay también muchos sectores que, aunque antihumalistas, no se suman a ese tipo de opiniones.

Las contenidas en este reportaje son frases menos insultantes que otras que resultan irreproducibles.

El experto en discriminación Wilfredo Ardito asegura que el racismo es una fractura que perjudica a la sociedad peruana, en especial cuando, a diferencia de otras latitudes, es ejercido por un pequeño pero influyente puñado contra una mayoría amplia.

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martes, 7 de junio de 2011

EL PAÍS (ESPAÑA): EL NUEVO PRESIDENTE RECIBE UN PAÍS SACUDIDO POR DUROS CONFLICTOS SOCIALES

Y seguimos con artículos internacionales sobre el resultado de las elecciones a favor de Ollanta Humala de Gana Perú frente a Keiko Fujimori de Fuerza 2011 en segunda vuelta y sobre el momento actual del Perú. Los enviados especiales de el periódico español El País de España, F. Gualdoni y J. Cordero, que en su artículo El nuevo presidente recibe un país sacudido por duros conflictos sociales destacan el hecho de que la explotación minera y mal reparto de la riqueza alimentan la protesta indígena (Nota del Blog: No por nada esta foto publicada en el diario español resume nuestra realidad, el pueblo quiere cambio, quiere recibir oportuniades y satisfacciones por su trabajo "para la patria").

Hay más de 230 conflictos sociales activos o latentes en Perú, la mayoría en áreas rurales pobres que han quedado marginadas del enorme crecimiento económico que disfruta el país desde hace un decenio gracias en gran parte a las exportaciones de minerales, cuyos precios se han disparado ante el apetito de China. Más de la mitad de esos conflictos involucran a la comunidad indígena, tienen que ver con una protesta por una explotación minera y generan violencia.

Cientos de miles de inversiones han sido congeladas hasta que el Gobierno resuelva estos conflictos e incluso parte de los 40.000 millones de dólares que las empresas extranjeras ya se han comprometido a desembolsar en el país andino está en revisión. Todos estos conflictos ejercerán una enorme presión sobre el Gobierno del presidente electo Ollanta Humala, tanto desde el punto de vista político como del gasto público, porque los votos de los lugares donde se producen han sido clave en la victoria nacionalista en las elecciones del domingo.

Las comunidades indígenas tienen sus razones para oponerse a las concesiones mineras o forestales. El sector contamina mucho, apenas genera mano de obra directa en la zona de explotación, y para colmo el Estado peruano ha demostrado ser bastante ineficiente a la hora de revertir en las áreas más pobres el dinero que recibe de las empresas a través de los impuestos.

La combinación ha creado bombas de relojería que ninguno de los dos anteriores Gobiernos, el de Alejandro Toledo y el saliente de Alan García, han sabido desactivar a tiempo.

El caso más trágico se produjo justamente hace dos años, el 5 de junio de 2009, cuando una protesta indígena que llevaba dos meses sin ser resuelta estalló en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad en el que murieron 33 personas, 23 de ellas policías. Fue en Bagua, en la región de Amazonas, y se la recuerda como el Baguazo.

El detonante fueron unas leyes forestales y del uso de la tierra del cultivo que pretendían estimular las inversiones en la zona. Los indígenas reclamaron su derecho a ser consultados antes de que se aprobase cualquier proyecto dentro de sus tierras y el Gobierno se resistió a la petición.

Dos años después, poco ha avanzado el Ejecutivo de Lima para evitar sucesos similares. Con preocupante regularidad se producen bloqueos de carreteras, manifestaciones violentas y huelgas. La más reciente, que amenazó incluso la campaña electoral, está latente en la región de Puno, limítrofe con Bolivia. Los pobladores de diferentes zonas bloquearon carreteras, asaltaron edificios públicos y cometieron saqueo. Exigen que toda su región sea declarada libre de actividades mineras y petroleras. El Gobierno consiguió una frágil tregua.

En abril pasado, las persistentes protestas en la provincia de Islay, en Arequipa, obligaron al Ejecutivo a cancelar el proyecto Tía María de la empresa estadounidense Southern Copper. Lima objetó el informe del impacto medioambiental de la explotación minera cuando la firma ya había invertido más de 430 millones de dólares, la mitad de lo previsto.

Hace más de un año, el Congreso aprobó una ley que obliga a consultar a los indígenas antes de aprobar nuevos proyectos, pero la norma fue rechazada por el Ejecutivo, que la devolvió al Parlamento.

Desde entonces, el proyecto legal está en el aire. El congresista humalista Javier Díez Canseco declaró ayer que Humala abrirá una vía de diálogo con las comunidades para que haya un interlocutor válido para frenar los conflictos antes de que acaben en tragedia.

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BBC MUNDO: PERÚ: LOS CINCO DESAFÍOS DE HUMALA

Nos ponemos internacionales gracias a uno de nuestros colaboradores a los que siempre estaré agradecido por su apoyo desinteresado en que esta pequeña bitácora dedicada al proceso electoral de este año estuviese lo más didáctico e informativo posible. Tenemos este artículo escrito por Juan Paullier, enviado especial de BBC Mundo a Perú de título, Perú: los cinco desafíos de Humala, que está más que interesante. Provecho:

Ollanta Humala ya puede ser considerado el presidente electo de Perú.

A falta de varias semanas para que asuma el cargo el 28 de julio, BBC Mundo repasa cuáles serán los principales desafíos de su gobierno.

Algunas medidas se las pidieron desde esta semana. Para llevar adelante otras, podría necesitar los cinco años de su mandato.

En todo caso este lunes ya se anunció la primera medida del gobierno electo. El equipo de Humala aseguró que una vez finalice el escrutinio al 100% se anunciará el gabinete.

INSPIRAR CONFIANZA
El candidato de Gana Perú necesita calmar ansiedades lo antes posible. Para ponerlo en términos futbolísticos: no debe esperar a que empiece el partido, sino enviar señales -y más importante tomar acciones- desde los vestuarios.

Ello implica, como se lo están sugiriendo desde distintos sectores, dar a conocer lo antes posible el nombre de las personas que ocuparán puestos cruciales en su gobierno.

A saber: primer ministro, titular de Economía y presidente del Banco Central. Y no sólo va a importar divulgar quiénes son. Va a necesitar que sean figuras que aporten experiencia, sean garantía de continuidad y que no generen nuevos temores en materia económica.

Tal como se preveía, el mercado sintió el impacto de la victoria de Humala, de quien se tienen temores por cuestionar elementos del modelo económico.

La Bolsa de Lima registró la mayor caída de su historia (12,51%): por la mañana las operaciones fueron suspendidas durante dos horas y la jornada se dio por terminada tres horas antes de lo previsto.

"Lo de la Bolsa es algo transitorio. Supongo que en cuanto anuncie a los principales miembros del equipo económico esto va a pasar", le dice a BBC Mundo Waldo Mendoza, director del Departamento de Economía de la Universidad Católica de Perú.

Pero pasado el temblor en la bolsa, las sospechas del sector empresarial no se evaporarán. Lo seguirán con lupa.

"No va a tener luna de miel. Nadie lo va a esperar seis meses", asegura el analista Aldo Panfichi. Necesitará tomar medidas concretas.

CONCERTAR
Humala se llevó la victoria pero lo hizo con un margen estrecho de 3%. Parece estar claro que el exmilitar nacionalista no recibió un cheque en blanco.

"Ganó con un 20% de 'voto prestado'. No es un mandato electoral para hacer un cambio radical. Por eso necesita gobernar buscando consensos", le dice a BBC Mundo Steven Levitsky, profesor de Harvard especializado en gobernabilidad y América Latina, quien dicta clases en Perú desde 2010.

La noche del domingo el presidente electo anunció que buscará construir un "gobierno de concertación nacional".

Habrá que ver cómo se traduce eso en hechos.

Por lo pronto, en el Congreso las alianzas se harán imperativas. Gana Perú cuenta con 47 bancas en 120. Su bloque podría acercarse al de Perú Posible, del ex presidente Alejandro Toledo, quien apoyó la candidatura de Humala en la segunda vuelta.

Aun así, la fortaleza de esa eventual unidad es impredecible.

COMBATIR LA POBREZA
Fue uno de los ejes de su campaña y ahora deberá hacerle frente. Humala prometió inclusión social, necesaria para disminuir la pobreza.

Pese a tener las tasas de crecimiento económico más altas de América Latina -un promedio de 5% en los últimos diez años-, un tercio de los 30 millones de peruanos es pobre.

"Quedan muchos desafíos por delante y sobre todo la necesidad de que los grandes avances en desarrollo sean compartidos más equitativamente con todos los miembros de la sociedad", ha reconocido el Banco Mundial.

Humala deberá poner manos a la obra. ¿Cómo?

"Aunque hay que mantener los elementos básicos del modelo de desarrollo -dice Mendoza-, hay que corregir el tema distributivo, la inclusión social. Supongo que lo harán cobrando impuestos a los de arriba y gastando mejor los recursos existentes".

Humala prometió aumentar el salario mínimo, que se encuentra en 600 soles (US$215) hasta 750 soles (US$270).

ATENDER LOS RECLAMOS SOCIALES
En un país donde los conflictos sociales -y socioambientales- son una constante y el brazo del Estado es corto, Humala tendrá una intensa tarea en atender los reclamos de diversos sectores olvidados.

Por ejemplo, la mitad de la población carece de saneamiento adecuado, sólo uno de cada cinco peruanos tiene seguro social y la baja calidad de la educación sitúa a Perú en los últimos puestos en la región.

"Casi todos los servicios públicos, educación salud, seguridad, son malos. Y construir un Estado eficiente es mejorar los servicios básicos. Que el Estado llegue mínimamente a la gente, eso sí sería revolucionario", asegura Levitsky.

"Necesitamos un Estado atlético que llegue a la punta del cerro, que llegue a los pueblos de frontera", dijo Humala la semana pasada en su cierre de campaña.

El presidente electo necesitará implementar soluciones a corto plazo al principio e iniciar reformas estructurales.

EL ESTILO HUMALA
Es una de las incógnitas. ¿Cómo será el Humala presidente? Ante un escenario, efervescente y suspicaz, tendrá una prueba fuego para medir su capacidad para lograr acuerdos.

Panfichi señala que va a necesitar "mucha deliberación, va a ser trabajoso. Necesita transar sin perder su rumbo".

Para el analista de la Universidad Católica de Perú, la duda está en si en su estilo de gobierno mostrará "elementos populistas o rasgos de estatista".

Levitksy recuerda el rol que puede jugar la oposición: "La derecha está histérica. Si lo provocan, no sé si tendrá la madurez política para controlarse".

"No tiene un partido disciplinado, puede haber excesos. Con el poder económico se puede negociar, pero la posibilidad de conflicto con la derecha es alta", agrega.

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