jueves, 9 de junio de 2011

LA PAUSADA DERROTA DE LA ÉLITE PERUANA. Por Fernando Molina

Bueno, tal como lo mencioné en uno de los últimos posteos, y valga la redundancia, entramos en la recta final de la existencia de este blog (al menos en cuanto a publicaciones), hemos cubierto gran parte del proceso electoral peruano en sus rubros de la elección de un nuevo Alcalde(sa) y un nuevo Presidente de la República, por lo que considero que la meta ha sido lograda y solo nos queda esperar una nueva oportunidad para continuarlo o abrir uno nuevo con noticias, encuestas y análisis de la realidad nacional. Así que, como uno de los últimos artículos que publicamos, les dejo este artículo escrito por Fernando Molina del blog Letras Libres llamado La pausada derrota de la élite peruana, el cual me parece muy adecuado:

El triunfo de Ollanta Humala en las elecciones presidenciales implica una simétrica derrota de la élite tradicional del Perú. Ollanta, claro, no era el candidato de la poderosa burguesía limeña, de las asociaciones empresariales, de los principales medios de comunicación. Pero la derrota de la que hablamos no solo reside en este hecho. Es más grave aún, porque hubiera podido evitarse. Es decir, la élite podía haberla evitado. Si sucedió de todas formas fue por la mediocridad y el egoísmo de los políticos que forman parte de ella.

El triunfo de Humala comenzó a gestarse en la primera etapa de las elecciones, cuando el candidato favorito era el ex presidente Alejandro Toledo, un “cholo” con raigambre popular y, al mismo tiempo, muy buena mano para la economía. Toledo, pese a sus deficiencias, estaba en la posición adecuada para ser el candidato de consenso de las fuerzas democráticas y liberales del país, como intentó que ocurriera Mario Vargas Llosa.

Pero en lugar de abandonar sus intereses grupales en aras del bien mayor, estas fuerzas prefirieron postular a otros aspirantes que, acto seguido, desenfundaron los colmillos y se lanzaron al cuello del predilecto Toledo. Al mismo tiempo, la siempre controvertida prensa peruana salpicó al cada vez más débil candidato con toda clase de acusaciones, algunas tan crudas como una adicción a las drogas.

Resultado: el voto de Lima, baluarte de la modernidad peruana, se dividió y permitió que pasaran a la segunda vuelta “el sida y el cáncer”, como llamó Vargas Llosa a Humala y su contrincante, Keiko Fujimori, hija del dictador que gobernó en los años noventa y purga en la cárcel penas por corrupción y violación de los derechos humanos.

Para colmo, la élite ya acorralada recibió el desafío de quien no esperaba.

El reflejo de clase fue alinearse con Fujimori para librarse de Humala, de sus antecedentes radicales y de la posibilidad de que fuera una continuación del chavismo por otros medios. Pero este reflejo no funcionó porque la candidata en la que se apoyaba no reunía las condiciones para ello (lo que nos remite al primer error).

La línea de fisura fue el antifujimorismo, que al final, como suele ocurrir con lo local respecto a lo universal, resultó más potente que el antichavismo. Esta línea la trazaron Vargas Llosa y su hijo Álvaro. Todo menos Fujimori, dijeron los Vargas Llosa, “Fujimori es el fascismo”.

Dado el margen relativamente estrecho con que Humala se alzó con la victoria, puede suponerse que la contribución del autor deConversación en La Catedral, a quien muchos de sus compañeros del liberalismo latinoamericano hoy no pueden ni ver, fue importante, si no fundamental.

Como en todo lo que hace, nuestro admirado escritor puso en la obra del antifujimorismo sangre y vísceras: empeñó su prestigio, agigantado este año por la obtención del Nobel, rompió con una legión de viejos amigos y desplegó su bienintencionado pero, hay que decirlo, candoroso estilo de compromiso político, confundiendo una opción por el mal menor con el descubrimiento de un Humala que nadie más conocía, que nadie más había podido ver.

Fue una apuesta fuerte. Si resulta que el nuevo Presidente, pese a todo lo que prometió, termina radicalizándose y socavando la meritoria construcción económica en que está empeñado el Perú, hundiría en un solo movimiento al modelo y a los Vargas Llosa.

Con lo que llegamos al último factor de esta pausada y progresiva derrota de la élite peruana. La inteligencia emocional de Humala, quien supo ganarse o al menos neutralizar la animadversión de la clase media limeña, guardiana de la modernidad, con un discurso de exquisita sensatez. Mientras, sus adversarios se despedazaban.

¿Comprendió Humala cuál es la nueva realidad nacional (que a diferencia de Bolivia o Venezuela, no admite aventurerismos económicos) o simplemente empleó una artimaña electoral? Pronto lo sabremos.

Si fuera lo primero, quizá esta derrota de la élite podría ser, además de merecida, una oportunidad de redención para ella. Al costo de disminuir sus privilegios y admitir una mayor redistribución de la riqueza, la burguesía peruana podría ver entonces cómo la “revolución capitalista del Perú” se convierte en un proceso menos “salvaje” y más benéfico para todos.

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sábado, 30 de abril de 2011

ENCUESTA DATUM: CLASE MEDIA DEFINIRÁ SEGUNDA VUELTA

Tenemos otro informe publicado el día de hoy por Perú 21 sobre la reciente encuesta de Datum, que puso en relieve un factor que será preponderante en las próximas semanas: el rol que jugará la clase media del país.
A diferencia de otras jornadas electorales, donde el tramo final se definía en los estratos sociales más bajos (D y E), esta vez, según la intención de voto,el mayor nivel de indecisos se ubica en los niveles socioeconómicos A, B y C.
¿Cómo llegar a esos sectores que son influyentes y que probablemente determinen la elección? Tal será el reto de los candidatos Ollanta Humala, de Gana Perú, y Keiko Fujimori, de Fuerza 2011, que definirán la segunda vuelta el 5 de junio.
“Habrá una lucha y esta será por la confianza, ambos tienen baja credibilidad”, manifestó a Perú.21 el director de Datum, Manuel Torrado. Consideró que el comandante en retiro tendrá que revertir el escepticismo que despiertan sus postulados en materia económica. “Tendrá que demostrar que está muy lejos de Chávez, del estatismo y del famoso general Juan Velasco”, añadió.
Recordó que su propuesta para otorgar una pensión a mayores de 65 años asusta a casi 5 millones de personas que tienen sus ahorros en los fondos de pensiones. Ello, dijo, ocasionó su descenso en las encuestas.
DECISIONES. Torrado indicó que, en este tramo, Humala tendrá que moderar sus propuestas para convencer a esa clase media que cuida su bolsillo. “Será vital para él que diga quién dirigirá la economía en su futuro posible gobierno y, sin duda, tratará de poner en ese cargo a gente con credibilidad. Si a mí me dicen que Humala va a poner a Pedro Pablo Kuczynski o al mismo Kurt Burneo, no despertaría dudas”, acotó. También señaló que a Keiko Fujimori tampoco le creen cuando jura que no liberará a su padre.
De otro lado, sobre el colchón de votos aún indecisos que dejan los excandidatos Kuczynski (32.2% entre blancos e indefinidos) y Luis Castañeda (33%), Torrado refirió que dichas adhesiones están en Lima y en el norte del país y tanto Humala como Fujimori tratarán de ganarlas.
Además, recordó que hay un importante colchón de votos que también podría inclinar la balanza: 750 mil peruanos en el exterior. “La clase media y Lima serán las que decidan la presidencia del Perú”, remarcó.
MÁS EXIGENTES. Por su parte, Manuel Saavedra, de la encuestadora CPI, coincidió con este panorama y sostuvo que los niveles medios y medio altos serán los que decidan al próximo gobernante. Indicó que, actualmente, esa clase media está esperando documentarse mucho más con respecto a cada candidato.
“Son votantes mucho más exigentes y van a esperar hasta el final. Un momento decisivo serán los debates entre los dos candidatos y sus planes de gobierno”, anotó.
“El electorado quiere propuestas, discusión de planteamientos más que enfrentamientos”, añadió, al tiempo de señalar que en este tramo pesarán los equipos que acompañan a cada uno de ellos. “Eso va a inclinar la balanza, hay que tener paciencia. El balance final se dará en la última semana cuando ya no haya encuestas”, refirió.
En ese sentido, Saavedra consideró que los candidatos deberán moldear sus propuestas evitando repetir los errores de la primera vuelta. “Van a cometer el menor número de errores, van a cuidar las formas y en esto tendrá que ver mucho la forma cómo se manejan frente a los medios, a los mítines, a sus presentaciones y las campañas publicitarias. En este tramo van a pesar más los errores que los aciertos”, señaló. ¿Habrá guerra sucia?, preguntamos. “No creo que cometan un error de esa envergadura”, replicó.
METEN A MONTESINOS. Sin embargo, el vocero de Fuerza 2011, Rolando Sousa, refirió a Perú.21 que la tienda de Gana Perú ya estaría preparando su artillería en ese campo.
“Humala está trabajando una serie de spots publicitarios de guerra suciagenerando una especie de recordación del señor Montesinos, quieren meter a Montesinos en la campaña, pero eso les va a rebotar. Nosotros haremos una campaña de propuestas”, anotó.

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