domingo, 5 de junio de 2011

STEVEN LEVITSKY: "NO VEO UNA CRISIS POLÍTICA PROLONGADA TRAS LA ELECCIÓN"

Mientras esperamos los resultados electorales oficiales de la ONPE, es bueno que vayamos leyendo algunos informes y/o entrevistas interesantes sobre el tema de la segunda vuelta, y tengo esta entrevistadel periodista Marco Sánchez de La República a Steven Levitsky, analista político, Politólogo y profesor de la Universidad de Harvard, quien sostiene que el nuevo gobernante deberá fortalecer el Estado y actuar como demócrata.

¿El lunes el Perú amanecerá más fragmentado?

No creo que el país esté demasiado fragmentado. La movilización social es local, puede haber conflictos sociales en algunas partes del país, pero no hemos visto en años un nivel alto de movilización social. Tampoco es probable una crisis política prolongada tras esta elección.

¿Quien gane tendrá problemas de gobernabilidad por descontento social?

Eso sí, en un país con un Estado débil, polarización y con partidos débiles, la gobernabilidad siempre será complicada. Es cierto que el próximo gobierno será resistido por la mitad del país, pues hubo mala suerte en que definieran los dos candidatos más resistidos.

¿Por qué en el Perú la democracia no dura más de 12 años?

Porque tiene instituciones democráticas débiles. El control civil sobre los militares no está consolidado, ni la independencia del Poder Judicial; el Congreso es débil. Una democracia necesita 20 o 30 años para consolidarse, como en Uruguay, Chile o Brasil. Por eso es importante que un demócrata esté en el poder. Si llega una persona o fuerza que no tiene ese compromiso, las instituciones peligran.

¿Son probables los excesos autoritarios?

No creo que ocurra un autogolpe de Estado tipo 1992 ni dictadura chavista ni velasquista. Pero hay que preocuparse por el comportamiento de partidos que no respetan a las instituciones ni los derechos humanos, podría haber retrocesos. Pero nadie sabe qué hará el próximo presidente y un giro radical tiene riesgos altos.

¿Basta con estabilidad económica y crecimiento para garantizar la paz social?

No, porque el Perú tiene dos problemas profundos: desigualdad severa y un Estado muy débil, que existe solo en Lima. Además no hay partidos. Es difícil para cualquier gobierno lidiar con conflictos en el interior.

¿Existe un debate de derecha e izquierda en el país?

Sí, la izquierda es débil en el Perú por razones históricas y no se renovó. Pero hay demanda electoral de izquierda, no tanto en Lima, que es la capital más conservadora de la región, pero sí al interior.

¿La derecha es histérica? ¿Por qué siempre tiene presencia aunque no gane una elección?

La derecha perdió todas las elecciones, pero quienes las ganan gobiernan con ella y aplican sus políticas. Alberto Fujimori le ganó a la derecha el 90 y aplicó sus políticas. García el 2006 ganó a Lourdes y aplica lo mismo. La derecha aquí es de otro siglo porque pesa el liberalismo económico, se olvida su dimensión política y social, que valora los derechos humanos y las libertades fundamentales.

¿Cómo ve al Apra?

Como un partido chiquito. Si sacas a Alan García, queda un partido de 5,6 por ciento de votos, fuerte en el norte y casi nulo en Lima.

¿Por qué sostiene que García gobernó con pereza?

Porque la desigualdad es profunda y García tenía todo, crecimiento de 6 u 8 por ciento para construir un Estado fuerte, distribuir en el interior y crear políticas sociales fuertes. Nunca habrá momento mejor y García hizo casi nada. Contentarse con cifras macroeconómicas y gobernar en la costa, en un país con descontento social, es irresponsable.

¿El modelo autoritario competitivo en el que un solo líder tiene dominio total, puede regresar?

Claro y es mucho más probable que uno abiertamente autoritario: Un régimen con forma democrática, elecciones, prensa independiente y abuso sistemático del poder usando el PJ y comprando medios. En suma, jugar sucio, y es fácil por la debilidad de instituciones democráticas.

“Los partidos deben negociar acuerdos”

¿Cómo ve el comportamiento de los medios en campaña?

Poco profesional, los medios privados tienen derecho a su propia opinión, pero debe expresarse en su línea editorial, no en titulares, contenido ni investigación. La mayoría de medios importantes jugaron a favor de una candidata, hay cosas que solo ha investigado La República o medios internacionales. La mayoría de canales de TV no cumplieron su trabajo de investigar a todos los candidatos.

¿Qué le parece la frase “Los partidos apestan” de Kuczynski?

Eso fue irresponsable, porque PPK tuvo como aliados a partidos. Atacar es muy fácil, es populismo barato. Alguien responsable no diría estupideces sobre la economía, tampoco debe decir cosas que afectan la democracia. Los partidos hay que fortalecerlos.

¿La gestión en el Congreso, con 14 partidos representados, será un problema?

Un desafío para la gobernabilidad. En ciencia política se creía que una fragmentación así dificultaba la gobernabilidad si el Presidente no tiene mayoría en el Congreso, pero no es tanto así. En cambio sí es un problema que los partidos sean tan débiles y que después sus integrantes los abandonen y haya congresistas libres y fáciles de comprar; cualquier gobierno podría hacer algo parecido. Lo mejor es negociar acuerdos entre partidos en vez de reclutar.

Etiquetas: , , , ,

martes, 17 de mayo de 2011

DE TEMORES Y CERTEZAS. Por Javier Torres

Tenemos este artículo publicado en el Diario 16, escrito por Javier Torres bajo el título de De Temores y Certezas, en el que analiza el momento electoral actual con sus virtudes y defectos, siendo estos últimos mayoría:

Asistimos a una campaña electoral intensa en la cual parecería que todo está permitido. Mentiras, infundios, calumnias y amenazas son pan nuestro de cada día. La razón: el temor de quienes detentan el poder real en el Perú de que se hagan cambios a las políticas que se vienen implementando desde los noventa. Ante ello el candidato Humala ha tenido que precisar que sus propuestas no son tan radicales ni tan sustanciales como para detener el crecimiento económico.

Sin embargo, persiste la contra campaña a través de grandes titulares en los diarios y noticieros de televisión. En estos se pone énfasis hasta el hartazgo en lo irracional que sería votar por una propuesta que no responde a los intereses de quienes se han beneficiado con creces del actual sistema económico, y todo siempre en nombre de la libertad de prensa, a la cual se pone por encima de la libertad de expresión, cuando ambas deberían ser defendidas con la misma intensidad.

A esto se suma el “boca a boca” que habla de “expropiaciones” de casas, tierras y hasta niños, que un gobierno de Humala haría. Sin duda esto hace efecto en los sectores que han logrado cierto bienestar, por mínimo que este sea, y que lo quieren preservar, y por ello no llama la atención que quienes tienen mayor bienestar se encuentren más asustados. De alguna manera el miedo de la gente es proporcional a lo que creen que podrían perder o dejar de ganar. Y hace que se olvide a quienes no han logrado beneficio alguno y siguen siendo excluidos no solo del crecimiento, sino de los mínimos beneficios que un Estado moderno les debe prestar a sus ciudadanos y ciudadanas.

En este contexto hay quienes todavía se mantienen “indecisos”, con más dudas que certezas en ambos casos. Pero un ciudadano responsable tiene que hacer el esfuerzo por optar, sobre todo sí cree que la democracia es el menos malo de los sistemas de gobierno y que alguien tiene que gobernar nuestro país a partir del 28 de julio.

Y como sobre Humala se ha dicho todo, es bueno recordar algo que la mayoría de los medios de comunicación no quieren que recordemos: que la candidata Fujimori es la representante de un movimiento que ha impulsado sostenidamente propuestas de amnistía a quienes cometieron crímenes contra los derechos humanos, además de contar en sus filas con personajes que acompañaron la ruptura de la institucionalidad democrática en 1992 y en la inconstitucional re-reelección del 2000, y que durante toda la década no han dudado en proclamar la inocencia de Alberto Fujimori, a pesar de las sentencias por derechos humanos y corrupción que hoy pesan en su contra.

Etiquetas: , , , , , ,

lunes, 16 de mayo de 2011

ELECCIONES PRESIDENCIALES 2011: IGNORANCIAS MÚLTIPLES EN EL PERÚ. Por Farid Kahhat

América y Política publicó el 5 de mayo en su sección de Análisis y Opinión, el extenso y bastante esclarecedor análisis titulado Elecciones presidenciales 2011: ignorancias múltiples en el Perú, sobre la tendencia del voto hacia Ollanta Humala realizado por Farid Kahhat, peruano, doctor en Relaciones Internacionales, Teoría Política y Política Comparada en la Universidad de Texas, Austin. Fue comentarista en temas internacionales de CNN en español, y actualmente es profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la PUCP (Perú) y analista internacional. De lectura obligatoria:

La explicación del voto por Humala es, en realidad, bastante simple: en la región alto andina (donde ese candidato tiene su principal bastión electoral), la escasez de de oxígeno no permite que la sangre llegue al cerebro, lo cual nubla el buen juicio de sus pobladores. Tanto el escritor y periodista Jaime Bayly como el antiguo premier y reciente candidato Pedro Pablo Kuczynski esgrimieron alguna vez ese “argumento”. Tal vez no creían en él de forma literal, pero con seguridad ignoraban su raigambre evolucionista en el Perú de fines del siglo XIX, en donde otros peruanos prominentes recurrían a Darwin para explicar de manera “científica” la presunta inferioridad de la “raza” indígena.

Durante el primer tercio del siglo XX, algunos médicos inspirados tanto por la teoría de la evolución como por el movimiento indigenista, argumentarían a su vez que las agrestes circunstancias que imperan en los Andes habrían producido más bien una raza indómita, dotada de una fortaleza peculiar. Una “raza” (categoría en desuso dentro de la biología contemporánea) capaz de sobrevivir allí donde unos colonizadores sibaritas, provenientes de la Europa mediterránea, habrían sin duda perecido (no en vano fundaron la capital a orillas del mar). Sea que fuera estigmatizado o idealizado, el “indio” solía aparecer como objeto pasivo de estudio. Tal vez por eso cuando décadas después los antropólogos se internaron en los Andes en su búsqueda, descubrieron que lo “indio” era una categoría elusiva y evanescente: era la pluma que la mayoría soplaba hacia el vecino, una identidad social que pocos querían encarnar.

Pero incluso asumiendo que el poblador de los andes padezca de un grado de, digamos, “ignorancia” superior a la media, hoy en día existirían explicaciones para ello más plausibles que la altitud. Sabemos por ejemplo que un niño que padeció desnutrición crónica en los primeros años de vida probablemente nunca desarrolle una inteligencia normal. Y es probable también que ese niño abandone la escuela a temprana edad para trabajar. De cualquier modo, sin importar cuán ignorante sea, sabrá al menos que lleva una vida plagada de privaciones. Y sólo le bastaría un nivel elemental de lectura para vivir la paradoja macabra de toparse con un cartel gubernamental que proclama solemne “El Perú Avanza”, mientras marcha hacia el entierro del algún compañero muerto como producto del “Friaje”: un fenómeno climático que se produce cada año en la misma región y en la misma época, por lo que sus efectos deberían ser no sólo previsibles, sino además prevenibles.

Nada de lo cual niega que buena parte del Perú efectivamente avanza, que la pobreza ha disminuido de forma significativa en la última década, y que incluso se ha reducido la desigualdad en la distribución del ingreso (medida por el coeficiente de Gini): no en vano una mayoría absoluta de ciudadanos revela en las encuestas su deseo de mantener el modelo de economía de mercado abierta al exterior. Así que la descripción anterior se refiere a un segmento de la población minoritario. Minoritario, pero no insignificante: dada la fragmentación electoral que prevalece en el Perú, es suficientemente grande como para colocar a un candidato en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Y no queda claro por qué para ese segmento de la población el bienestar ajeno deba representar mayor consuelo, cuando sus expectativas de acceder a él se ven frustradas en forma reiterada.

Sumemos a lo anterior algunas premisas adicionales. Primero, que dentro de una oferta electoral monocorde sólo un candidato parecía poner énfasis en la necesidad de políticas redistributivas. El propio presidente García puso en forma involuntaria el dedo en la llaga cuando sostuvo en público que, de los cinco candidatos presidenciales con posibilidades de éxito, sólo uno podía poner en riesgo la continuidad del modelo económico. Segundo, ese candidato es al que detestan y temen todos aquellos que los agravian de manera regular (por ejemplo, llamándolos “Electarado”, o cosas bastante peores). Es además el único candidato con posibilidades de éxito que jamás estuvo involucrado en gobierno alguno (y al que, por ende, tendría más sentido conceder el beneficio de la duda).

Si, por último, la mayoría de los votantes en las zonas alto andinas deciden concederle a un candidato así su voto, tal elección no sería producto de un bajo coeficiente intelectual o de una escasa educación: parece más bien una opción racional dados sus intereses materiales y la información a su alcance. Incluso si ese candidato perdiera, habrían empleado de manera eficaz su única oportunidad en años para hacer oír su voz dentro del sistema político. Lo cual a su vez podría inducir a las élites que lo controlan a preguntarse qué podrían hacer para evitar nuevos sobresaltos en el futuro.

No es casual, por ejemplo, que cuando Humala perdió por un estrecho margen la elección presidencial de 2006, la siguiente Conferencia Anual de Ejecutivos (realizada con presencia del nuevo presidente, Alan García), versara sobre un tema inusual para ese foro: la “Inclusión Social”.

Pero esa lógica tan simple sigue eludiendo la comprensión de buena parte de esas élites, las que en segunda vuelta han añadido al argumento de la ignorancia el del “resentimiento social” como explicación de las tendencias electorales. Así, según el director de un influyente diario limeño, “El respaldo a Humala es un voto ponzoñoso, con odio y resentimiento, de ganas de joder a quienes les está yendo bien para que nos igualemos hacia abajo (…) un voto que rechaza la modernidad cosmopolita”.

¿Qué tan verosímil es ese argumento? La respuesta depende no sólo de la existencia del mentado “resentimiento”, sino además de su motivación. En cuanto a su existencia, según una encuesta llevada a cabo unos años atrás por el PNUD, 67,2% de los peruanos creía que los ricos no lo eran por mérito propio. Si bien de repetirse la encuesta hoy esa cifra sería menor, probablemente seguiría siendo suficientemente elevada como para ser inquietante. Lo cual nos lleva al tema de la motivación: ¿hay razones para pensar que en el Perú la riqueza no siempre se adquiere por mérito propio? Según parece, sí.

Por ejemplo la movilidad social es baja comparada con algunos estándares internacionales, cosa habitual en países sumamente desiguales (y todos los países de América Latina son más desiguales que el promedio mundial). En este punto, los presuntos ignorantes (amén de resentidos) reciben el espaldarazo de un presunto liberal que apoya la candidatura de Keiko Fujimori: Hernando de Soto. El término “mercantilista”, tan recurrente en su obra, se refiere en buena cuenta a los empresarios que obtienen beneficios no de la competencia en el mercado, sino del favor político.

De cualquier modo, la práctica de medir el bienestar propio en términos relativos no parece restringirse a los “resentidos”, presuntos o reales. En un experimento se le dio a un grupo de entrevistados la posibilidad de elegir entre dos opciones: ganar US$50.000 al año mientras los demás ganan en promedio US$25.000, o ganar US$100.000 al año, mientras los demás ganan en promedio US$200.000. Pese a obtener en el segundo escenario un ingreso que duplicaba el que obtendrían en el primero, la mayoría eligió este último: es decir, ganar menos en términos absolutos, pero ganar más que el prójimo. Y como los niveles de ingreso sugieren, los entrevistados no eran peruanos: eran estudiantes de posgrado de la universidad de Harvard. No queda claro contra quién pudieran tener resentimiento quienes viven ya en el pináculo de la estratificación social estadounidense. La otra posibilidad es que el “resentimiento” trascienda los Andes, y sea siempre un rasgo potencial de nuestra especie.

Por último, hagamos algo osado entre los círculos antes mencionados, y en lugar de especular sobre las motivaciones de los demás, consultémosles: ¿qué dicen las encuestas de opinión sobre las razones del voto por Ollanta Humala? Nos dicen, en primer lugar, que no son muy distintas de las razones para votar por Keiko Fujimori, y en segundo lugar, que no son tan dantescas como sugiere la cita de marras.

En palabras del director de la principal empresa encuestadora del país, en una columna para el diario “El Comercio”: “Entre las razones del voto por ambos candidatos, así como en el señalamiento de sus propuestas más atractivas, se aprecia un coincidente reclamo por un rol más eficaz del Estado en la defensa de la seguridad ciudadana y en la lucha contra la pobreza. Las propuestas relativas a la continuidad o el cambio del modelo económico son relevantes solo para una minoría”.

No parece pues que lo que será el voto en segunda vuelta de alrededor de la mitad de los peruanos se explique por la ignorancia o el resentimiento. ¿Cómo explicar entonces la persistencia de ese prejuicio? Quienes creen en él parecen haber desarrollado la capacidad de vivir en la contradicción sin angustiarse por ello, sus mentes pueden albergar simultáneamente los conceptos de gestión empresarial del siglo XXI y los prejuicios raciales del siglo XIX: es decir, el individuo posmoderno por antonomasia. Y, como nos recuerda la literatura del ramo, la posmoderna es una cultura caracterizada por la fluidez y la plasticidad. Una cultura que hace posible, por ejemplo, que un individuo se crea cosmopolita mientras vive con la cabeza metida en el trasero, confundiendo su colon con el cosmos.

Etiquetas: , , , , , ,

lunes, 9 de mayo de 2011

OTRA MIRADA Y LAS DIFERENCIAS ENTRE FUJIMORI Y HUMALA

Con el conocimiento de la intención de voto del electorado en las últimas encuestas, es bueno revisar material informativo al respecto, y uno muy interesante es este análisis publicado en la web Otra Mirada bajo el título: ¿Hay diferencias entre Keiko Fujimori y Ollanta Humala? Caso CNDHH

Varios analistas han salido a calificar, tanto a Ollanta Humala como a Keiko Fujimori, como “el mayor riesgo para la democracia”. Pero, ¿realmente Humala y Fujimori representan los mismos riesgos para nuestra democracia? Veamos.

El proyecto Fuerza 2011 de Keiko Fujimori está conformado por las mismas personas (Jaime Yoshiyama, Hernando de Soto, Martha Chávez, Jorge Morelli, Luz Salgado, Jorge Trelles, entre otros) que justificaron el golpe de Estado del 5 de abril de 1992, encabezado por Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Si bien Ollanta Humala dirigió un levantamiento en Locumba en 2000 contra la dictadura de Fujimori que se resistía a irse y se equivocó al llamar “antidemocrático” al gobierno de Alejandro Toledo en 2005, estos hechos no tienen comparación con la herencia dejada por el fujimorato: golpe de Estado, corrupción generalizada, torturas y ejecuciones extrajudiciales. Asimismo, la vinculación que se hace de Ollanta Humala y Hugo Chávez, a estas alturas del partido, nos parece perezosa porque ni Chávez es peruano ni forma parte del proyecto de Gana Perú. Alberto Fujimori, en cambio, es el padre del fujimorismo.

Keiko Fujimori se niega a reconocer que Alberto Fujimori fue dictador y dice, más bien, que solo fue “autoritario”. Asimismo, Keiko Fujimori defiende la Constitución de 1993, que nació luego del golpe de Estado de 1992. ¿Y Antauro Humala? Al respecto, varios críticos de Ollanta Humala señalan que este apoyó a su hermano Antauro en el “Andahuaylazo” y que podría, una vez en el poder, sacarlo de cárcel. Ollanta Humala, como señaló en su momento y hemos visto a lo largo de estos años, ha discrepado de su hermano y ha criticado su accionar. Esto no sucede en el caso de Keiko Fujimori, quien pide perdón al país pero sigue intentando, a través de los tribunales, sacar a su padre de prisión.

Ollanta Humala ha sido sometido a una serie de investigaciones sobre el origen del financiamiento de su campaña electoral de 2006 y sobre el caso Madre Mía han sido abiertas un total de 11 causas judiciales que, finalmente, han sido archivadas. Por eso, sorprende que, en un reciente pronunciamiento, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos coloque a Ollanta Humala casi al mismo nivel que el dictador Alberto Fujimori. En cambio, Keiko Fujimori viene siendo investigada sobre el origen del financiamiento de los estudios en la Universidad de Boston. Keiko, como lo ha señalado la ex Fiscal de la Nación, Gladys Echaíz, se niega a colaborar con las pesquisas del caso amparándose en su inmunidad parlamentaria.

Ollanta Humala se ha convertido para un sector de la prensa en el “cuco” que quiere destruir la economía del Perú, caricaturizando las propuestas de Gana Perú. Keiko, en cambio, no pretende cambios importantes en la economía y va hacer uso de las medidas clientelistas que promovió Alberto Fujimori durante su gobierno. De hecho, en plena campaña electoral, ya se vienen repartiendo en los asentamientos humanos alimentos a cambio de votos. En este aspecto, Keiko Fujimori también es una extensión del gobierno de Alberto Fujimori.

Estimado lector, saque usted sus propias conclusiones.

Etiquetas: , , , , ,

martes, 3 de mayo de 2011

ÁLVARO VARGAS LLOSA Y SUS 19 RAZONES PARA VOTAR POR HUMALA

Este domingo que pasó, el escritor y periodista Álvaro Vargas Llosa enumeró en el diario La República los principales motivos por los que considera que el candidato presidencial de Gana Perú es la mejor opción en la segunda vuelta. Lean, analicen y decidan (bueno, si creen que es lo correcto):
1] Con los Fujimori, el aprendizaje moral de la clase dirigente peruana, que tiene los valores invertidos y cree que libertades y DDHH son una cojudez, se interrumpirá. Resucitará la república bananera.
2] Con los Fujimori, el “modelo” volverá a ser el coto vedado de ciertos mercachifles: el mercantilismo mafioso es la negación de una economía libre. El crecimiento anual de la década democrática fue tres veces superior al de los 90.
3] Con los Fujimori, se cancelará la posibilidad de que los pobres recuperen la dignidad: el método para comunicarse con ellos en los 90 fue la dependencia, la esterilización forzosa, la fosa y la cal.
4] Con los Fujimori, se instalará el terror en las empresas, salas de redacción y tribunales. Los despidos, amenazas y capitulaciones en el principal grupo mediático y una radio arequipeña son un abracadabrante anticipo. El fujimorismo no es una idea o proyecto: es un método. El método de Al Capone (sin el detalle del puro).
5] Con los Fujimori, garantizaremos que el magistrado César San Martín, un lujo para el Poder Judicial, sufra una persecución abominable.
6] La condición ética, política e intelectual de los botafumeiros de Fujimori basta para saber dónde no hay que estar. Para sus economistas copiones de alquiler, sus arlequines televisivos importados (con “dumping”) y sus pelafustanes cibernéticos fue pensada la frase de Borges: “Se había adiestrado en el hábito de simular que era alguien para que no se descubriera su condición de nadie”.
7] El candidato a primer vicepresidente de los Fujimori es un golpista. El candidato a segundo vicepresidente es casi fascista y tonto a partes iguales. En materia de autoritarismos, “casi” es un agravante y “tonto” un pleonasmo.
8] En los países donde las cosas están en su sitio, la cárcel no la gobierna el presidiario. La Diroes es hoy la hacienda de los Fujimori. El peligro no es que la candidata libere al padre sino que el padre enreje al país con hija y todo.
9] Con Ollanta, hay mayor garantía democrática. Si él comete un exceso, la derecha le saltará al cuello. Si los Fujimori cometen un crimen o delito, la derecha aplaudirá como foca.
10] Con Ollanta, el “modelo” podría adquirir más legitimidad social. Hubo dos fenómenos latinoamericanos en la última década: la expansión de la clase media y la modernización de una parte de la izquierda. Si Ollanta, bajo presión, da el salto definitivo, el Perú se sumará a una lista de vanguardia. El desarrollo no es posible sin una izquierda liberal.
11] Con Ollanta –y suponiendo su modernización definitiva– cerraremos el paso a futuros caudillos populistas. En Brasil, Chile, Uruguay y El Salvador, la izquierda moderada ha neutralizado el surgimiento de caudillos iluminados.

12] Las peores derrotas de Hugo Chávez no se las ha infligido la derecha sino la izquierda. Las críticas del uruguayo José Mujica a Venezuela el día mismo de su toma de mando y, ahora, la ruptura del paraguayo Fernando Lugo con Caracas han aislado más al venezolano. ¿Por qué regalarle en bandeja a Ollanta ahora que lo ha negado? Un estadista latinoamericano que tiene cómo saberlo acaba de asegurar en una reunión privada con un gran grupo mediático europeo: “Me consta personalmente: Ollanta no seguirá la línea de Chávez”.

13] Para ciertas reformas difíciles, la izquierda puede ser más audaz que la derecha. Mujica acaba de proponer en Uruguay el bono escolar –subsidio a la demanda educativa– y Lugo ha abrazado la apertura en Paraguay: gracias a inversores foráneos, su pequeño país acaba de superar a la Argentina en exportación de carne. Ricardo Lagos abrió el comercio en Chile más que la dictadura de Pinochet.
14] En tiempos de la resistencia democrática, me tocó recibir a Ollanta en el hotel que hacía de cuartel general. Él y su esposa querían vincularse a la causa que lideraba Toledo. El Perú se dividía entre quienes luchábamos en desventaja por la libertad y quienes la habían apuñalado por la espalda. Su instinto en ese momento fronterizo fue certero. Sus graves errores posteriores, que pagó en 2006, no quitan eso.

15] Al próximo Presidente le tocará lidiar con el fallo de La Haya sobre el diferendo marítimo con Chile. Si por alguna razón el fallo resultase desfavorable al Perú, es preferible un Ollanta constreñido por las responsabilidades de Estado.

16] Es mucho más saludable tener a Alan García haciéndole oposición a Ollanta que entendiéndose con un gobierno de Fujimori para cobrar por los servicios prestados.
17] Perú Posible, a pesar de las contorsiones de estos días, dará a Ollanta la mayoría necesaria para gobernar. Esa será una de las mejores garantías de que se ciña a los límites constitucionales.
18] Ha surgido una oportunidad de convertir la emergencia de la amenaza fascista en la oportunidad de un entendimiento entre la izquierda y sectores liberales. Hay precedentes históricos. En 1989, la coalición de conservadores y comunistas en Grecia acabó con un gobierno corrupto. En México, el PRD y el PAN de Felipe Calderón, con candidaturas comunes, han sacado del poder al PRI en varios estados y quizá vayan juntos en las presidenciales. En Inglaterra, liberal-demócratas (izquierda) y conservadores moderados han evitado juntos el continuismo.
19] Ollanta es la posibilidad que queda de enderezar la democracia que los demócratas torcieron en estos 10 años. Son responsables de ello los empresarios que reciclaron a periodistas enfeudados a la mafia, los políticos que se aliaron con ella para dirimir sus estúpidas querellas con otros demócratas, los dineros robados que no fueron totalmente repatriados y los muchos cómplices que “pasaron piola” (para usar un argentinismo) sin ser procesados.
Qué razón tenía Alexis de Tocqueville: “El hábito de la falta de atención debe ser considerado el mayor vicio democrático.” Si Ollanta triunfa, asegúrese la democracia de prestar milimétrica atención en el futuro.

Etiquetas: , , , ,

EL TEMOR Y LA VERGUENZA. Por Gonzalo Gamio Gehri

Seguimos publicando material encontrado por blogs amigos sobre esta segunda vuelta electoral, en este caso tenemos un análisis realizado por Gonzalo Gamio Gehri en su blog Política y Mundo Ordinario: Bosquejos Postliberales, titulado El Temor y la Verguenza:

En gran medida, el dilema que tenemos que afrontar en esta segunda vuelta electoral – o Humala o la dinastía Fujimori – puede ser descrito en términos de un conflicto entre diferentes argumentos en torno a futuros posibles para el país, pero también un conflicto entre decisiones pasionales, en el cual se ponen en juego dos emociones claramente fundadas en reflexiones, creencias y juicios, dos emociones sumamente relevantes para la política. De un lado, el miedo; del otro, la vergüenza. Hay otras emociones en juego, sin duda, pero estas son particularmente emblemáticas en estas circunstancias. Efectivamente, tememos que Ollanta Humala esté recurriendo a convocar a un grupo de importantes profesionales para mejorar su plan de gobierno y conformar un gobierno de concertación con el propósito real de ganar las elecciones, para luego prescindir de ese equipo y volver a su programa más “duro”. Esos temores tienen un lugar importante en nuestra reflexión política; provienen de la duda razonable que suscita en nosotros el candidato, su trayectoria, sus antiguos vínculos con Venezuela. Mario Vargas Llosa ha dicho que el voto por Humala proveniente de las fuerzas democráticas no puede ser un cheque en blanco, que los ciudadanos debemos estar dispuestos a salir al espacio público para denunciar cualquier forma de trasgresión de las reglas democráticas. Quienes estamos en el trance de decidir el voto en esa dirección – no sin preocupación y malestar (1) – debemos estar dispuestos a asumir la responsabilidad que implica esta decisión y a salir a la calle si se atenta contra el Estado de derecho.

En el otro extremo, el del fujimorismo y su funesto record en cuanto a la violación de la legalidad, los derechos humanos y los diversos casos de corrupción, tenemos la vergüenza como emoción ética dominante. Intuimos claramente – merced a los hechos, a la sombría historia reciente del Perú – lo que significaría permitir que vuelva a tomar las riendas del gobierno el grupo político en cuya gestión se depredó las arcas del Estado, se concentró los poderes y estableció un sistema de control sobre los medios de comunicación, se convirtió la destrucción de la ética pública en un sistema y una forma de vida, un régimen que se fortaleció a través del clientelismo, la compra de conciencias y la extorsión. Sobre todos estos actos tenemos pruebas, y los dos jefes de este aparato delictivo – Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos – han sido condenados y están presos. No existen razones de peso para aseverar con seguridad de que la nueva candidata del fujimorismo se haya apartado realmente de este nefasto legado. Su entorno político y sus voceros (Martha Chávez, Luz Salgado, Jorge Trelles, etc.) provienen de las canteras del régimen autoritario de su padre, ella misma ha repetido en innumerables ocasiones que el gobierno de Alberto Fujimori ha sido “el mejor de la historia del Perú”, y se ha pronunciado a favor de un indulto que lo favorezca. Sus esfuerzos recientes por tomar distancia del gobierno paterno y pedir perdón se muestran como evidentes estrategias electorales. No le creemos. Finalmente, el fujimorismo está renovando sólo mínimamente sus cuadros políticos de alto rango (por ejemplo, con la incorporación de Rafael Rey en la plancha presidencial; ya conocemos sus puntos de vista en materia de temas de justicia y derechos humanos).

Recientemente, Jaime Bayly y Aldo Mariátegui se han esforzado por establecer un deslinde entre el perfil de Keiko Fujimori y el de su progenitor. Pretenden persuadirnos de que un gobierno suyo no sería una continuación de la gestión de su padre, de que su candidatura no sería un "caballo de Troya" de una mafia que aspiraría volver al poder. Sin embargo, como bien ha argumentado Gustavo Faverón, el problema de la candidata de Fuerza 2011 no es su herencia genética, sino su línea política.Bayly y Mariátegui quieren hacernos creer, entre otras cosas, que quienes gobiernan son únicamente los individuos, lo cual es clamorosamente falso. La "distinción" entre Fujimori y Montesinos ya sonaba entre retorcida e irrisoria; en el caso estricto de la hija del reo de DIROES la distinción resulta extraña y súbita, dado que ella ha basado buena parte de su campaña en el legado de su padre (empezando por el apellido). Cualquier deslinde razonable implicaría asumir un entorno político completamente diferente, desarrollar un programa con otra orientación (pues en en cuestiones de institucionalidad democrática y derechos humanos es una nulidad) y asumir una toma de distancia clara, realmente transparente y verdaderamente oportuna - especificando los errores y los crímenes, y señalando el grado de responsabilidad de los involucrados en ellos -, y no este juego de máscaras de último momento, con declaraciones escuetas y sonrisas para las cámaras, contando además con la condescendencia de los periodistas. La ciudadanía tendrá que decidir muy pronto qué pesa más en su ánimo, la perspectiva un tanto opaca de mantener el modelo económico en curso o fijar la mirada en un asunto de de dignidad nacional, cerrarle las puertas a quienes de un modo u otro gobernaron el país y lo sumieron en el grisáceo pantano del autoritarismo y la corrupción.

(La imagen pertenece al conocido artista gráfico Alonso Núñez, a quien agradecemos por otorgarnos el permiso para publicarla).


(1) Y no anular el voto, que era mi impulso original ante tan indeseable dilema.

Etiquetas: , , , , ,

viernes, 29 de abril de 2011

ENTREVISTA ALBERTO VERGARA (LA REPÚBLICA): "NO ESTEMOS FELICES CON NUESTRO MAL MENOR"

Hemos tomado de La República esta interesante entrevista realizada por el periodista José Miguel Silva  @jomisilvamerino, en la que el politólogo de la PUCP, Alberto Vergara, asegura que nadie debe entusiasmarse con su mal menor en esta segunda vuelta. Un panorama sombrío nos deja esta larga pero productiva charla con él.
El especialista opina que en esta elección, para un pequeño grupo económico solo está en juego su caja registradora. De KeikoFujimori, candidata de Fuerza 2011, dice que tenemos certezas de su aprecio por el autoritarismo pues participó en el gobierno de su padre ahora condenado a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad. De Ollanta Humala, candidato de Gana Perú, también desconfía de su supuesta nueva versión democrática.
¿Cómo ha asimilado el electorado estos resultados?Con tranquilidad, ¿no? El electorado se ha manifestado abrumadoramente a favor de los dos candidatos que estarán en segunda vuelta así que no sé porqué el electorado podría estar intranquilo. Los angustiados son otros.
¿Por qué en nuestro país los dos candidatos con mayor anti-voto, lograron obtener a la vez la más alta votación?Durante años hemos sabido acerca del problema que el Perú es el país de América Latina en donde los partidos políticos son rechazados, aquí la gente es más escéptica respecto de que el Estado pueda hacer cumplir la ley. Esa desconfianza hacia las instituciones se ha manifestado en el voto por Ollanta Humala y Keiko Fujimori.
¿Qué transmiten estos dos candidatos?Ambos son candidatos que transmiten la idea de “saltarse” las instituciones, de resolver los problemas a golpes. Lamentablemente, hemos quedado en manos de dos opciones extremas, una de derecha y otra de izquierda. Y por eso es francamente lamentable el papel que ahora juegan personas como (Pedro Pablo) Kuczynski.
¿Por qué lo dice?Que salga con esto de que “los partidos apestan” y lo dice delante de su candidata a la vicepresidencia que es del PPC (Partido Popular Cristiano) y ella se queda a su lado como si nada. Aquí mucha gente va a tratar de decirnos que el voto es producto del modelo económico, lo cual puede tener algún asidero, pero es, sobre todo, producto de la crisis de legitimidad de las instituciones que sostienen la vida democrática.

Solo les interesa el dinero y no la democracia

¿A qué se le debe llamar “antisistema”?Tocqueville escribe en alguna parte que quien busca en la libertad algo más que ella misma está hecho para servir. Yo creo que es absolutamente cierto. Fíjese el desespero con el que algunos defienden el sistema. Para estos, el “sistema” no es otra cosa que una caja registradora. La democracia no les importa un comino. Porque no buscan en ella la libertad y sus instituciones, buscan una coartada para que algunos sigan facturando a manos llenas.
¿Quién fue el gran perdedor en estas elecciones? ¿Por qué?El gran derrotado es el elector moderado, el reformista. Una vez más en la historia del Perú la moderación es amenazada por los exaltados, de derecha o de izquierda. Así es la vida sin instituciones, sin partidos, todo lo que parecía positivo ahora resulta frágil e incierto. 
¿Qué les queda a estos electores moderados?En este momento, todos quienes no votamos por Fujimori o Humalaen primera vuelta tenemos derecho legítimo a escoger a quién nos genere menos resistencias, pero lo que no podemos hacer es perder el espíritu crítico ante las dos opciones. Si cada anti-fujimorista se convierte en un humalista y cada anti-humalista en un fujimorista, la democracia se nos cae de una. Ese es el mayor peligro, que quienes ven de la misma manera una “patada” de izquierda que una de parte de la derecha, terminen volviéndose hinchas de su “mal menor”.
Vigilemos la democracia y el Estado de derecho
¿Cuáles son las amenazas que expresan ambas opciones?Humala es formado en el nacionalismo militarista. No creo que de pronto se haya convertido en un líder democrático. Y de Keiko ni siquiera hay que suponer nada, Martha Chávez ya salió a amenazar al juez San Martín con lo cual nos queda claro que no han cambiado (los fujimoristas que van con la candidata de Fuerza 2011) nada desde que hicieron añicos las instituciones peruanas durante los noventa.
¿Cuál es el panorama?No podemos bajar la guardia por causa de una campaña de dos meses. Si en estos dos meses toda la gente crítica, de centro, termina en alguna de las dos combis populistas perderemos legitimidad cuando haya que hacer frente a cualquiera de los dos gobiernos. No nos entusiasmemos con nuestro “mal menor”. 
¿Cree que Alan García tuvo algún tipo de responsabilidad en los resultados finales de la primera vuelta? ¿Por qué?Alguna responsabilidad debe tener. Sobre todo por su soberbia frente a quienes no pensaban como él, por su indolencia frente a los necesitados, por el maltrato a su propio partido. Y por ser un presidente ocioso, como ha dicho Steven Levitsky hace unos días. Todo esto ha revertido en algún sentido contra el país.

¿Cuánto le ayudará a Ollanta Humala haberse rodeado de personajes con larga trayectoria intelectual, artística o académica, como lo hizo hace unos días?No lo sé. Pero a excepción de Ketín Vidal (quien ya está sumado a Gana Perú) ningún nombre parece ser un gran imán de votos.
¿Qué le dice la frase: “De Ollanta sospechas y de Keiko certezas?Creo que es fundamentalmente cierta. Por ejemplo en el tema corrupción. Keiko Fujimori fue parte del gobierno más ladrón de la historia del Perú y Ollanta nunca ha estado en el poder así que no puede estar a la par en el tema de corrupción. En términos democráticos no lo sé, lo tengo menos claro. De Keiko, desde luego, tenemos certezas de su aprecio por el autoritarismo por haber participado en el gobierno su padre, Alberto Fujimori, condenado a 25 años de cárcel por delitos contra los derechos humanos.
¿Y de Ollanta?Debe tener cuidado con la cercanía que tiene con regímenes en donde se han recortado libertades abiertamente.  Yo dudo mucho de su supuesta convicción democrática. No obstante, todavía no ha llevado a cabo un gobierno autoritario, y en esa medida tenemos sospechas. Aquí es encomiable que instituciones como IPYS (Instituto de Prensa y Sociedad) se mantengan firmes frente a dos candidatos que en ningún caso ofrece garantías para las libertades en el país. 
Alerta con los engaños y la intimidación
¿Crees que las encuestas manipulan de alguna manera al electorado peruano?Algunas intentan manipular. Las serias solo influyen.
¿En esta segunda vuelta, qué puede ser más efectivo, “meter miedo”, “proponer cambios” o “buscar alianzas para dar la imagen de ir al centro”?El “cambio” es siempre lo más efectivo en una campaña, quien propone no cambiar nada difícilmente puede entusiasmar a alguien. Lo de “meter miedo” es más complejo. Tomemos como ejemplo la elección de la alcaldía de Lima el año pasado. Al inicio nadie se asustó con Villarán, pero hacia el fin de la campaña los sectores A y B se dejaron intimidar con la campaña y comenzaron a abandonarla.
¿Eso le pudo haber costado la elección?De hecho. Si la elección se hacía una semana después por ahí que Villarán seguía cayendo y perdía. Entonces, para volver a la pregunta anterior, “meter miedo” depende de a “quién le metes miedo” y del “timing” de esa metida de miedo.
¿Y las alianzas?Pueden ayudar, pero en la medida en que no hay partidos ninguna alianza es suficientemente convincente. Todos sabemos que en el Perú las alianzas son frágiles, que vuelan por los aires el día de las elecciones.

Etiquetas: , , , , , ,

lunes, 25 de abril de 2011

PERÚ: ¿POR QUÉ PODRÍA GANAR HUMALA?

Tenemos este análisis realizado por Roberto Pizarro, Economista de la Universidad de Chile, con estudios de posgrado en la Universidad de Sussex (Reino Unido). Investigador Grupo Nueva Economia, fue decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, ministro de Planificación y rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (Chile), de lo ocurrido en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en el Perú, con un resultado sorprendente para el establishment publicado en La República: Perdieron los candidatos del modelo económico en curso.
¿Curioso, no? Lo es, ya que la economía peruana viene creciendo vigorosamente en los últimos años: 7% promedio en la última década y en 2010 casi llegó al 9%, triplicándose el PIB entre 2000 y 2010. Elpueblo peruano rechazó las desigualdades y dejó en evidencia que el desarrollo está lejos del puro crecimiento económico.
Los dos presidentes de este notable periodo expansivo han sido categóricamente derrotados. Alejandro Toledo en cuarto lugar y Alan García ni siquiera se atrevió a promover un candidato de su partido y, al final, apoyó a Pedro Pablo Kuczynski, el más declarado neoliberal, también derrotado.
La renuncia del APRA a su propia historia, a sus convicciones socialdemócratas, se convirtió en un suicidio político. Al igual que los socialistas chilenos, han recibido el repudio de los sectores populares.
Alan García continuó con entusiasmo la política de crecimiento y dejó de lado la distribución. No revisó los errores de su vecino chileno. Simplemente copió. Al final de cuentas en ambos “milagros” los beneficios del crecimiento se han acumulado en una minoría.
En cambio, la mayoría observa con desencanto que los frutos del trabajo rinden escasamente, mientras la educación y salud se muestran inservibles para los pobres y costosas para los sectores medios.
Igual que Chile en los años 90, el Perú es el país que más crece en América Latina. La macroeconomía anda bien. Revela un reducido déficit fiscal, elevadas reservas internacionales, inflación baja y aumento de las inversiones.
Pero, el crecimiento se basa en la exportación de materias primas, con escasa diversificación, salarios congelados, empleo precarizado y 60% de los trabajadores en la informalidad.
El último informe de Oxfam (Informe anual sobre pobreza, desigualdad y desarrollo 2008-2009) destaca que el crecimiento económico no ha beneficiado a las poblaciones excluidas del país, mientras las desigualdades sociales persisten.
Si los gobiernos quisieran eliminar la pobreza sólo con el crecimiento económico (por la vía del derrame) se necesitarían más de 80 años de aumento del PIB, por encima de los 5 puntos, para alcanzar tal propósito.
Al mismo tiempo, se informa que las empresas que operaron en los últimos años en el país lograron utilidades superiores a las de las 500 empresas más rentables del planeta, mientras los sueldos cayeron en tres puntos porcentuales en esta época de bonanza.
A mayor abundamiento, Michael Porter, gurú de los negocios, en una conferencia ante el empresariado peruano, manifestó una opinión muy crítica respecto del modelo económico peruano.
Destacó que su patrón productivo, concentrado en recursos naturales, no era capaz de generar suficiente empleo y que las desigualdades y la baja productividad eran en extremo preocupantes (diario La República, 27-12-2010).
Agregó que la reducida inversión en ciencia y tecnología (0,2% del PIB) y los bajos niveles de educación colocaban en cuestión la competitividad y frenaban el desarrollo.
En definitiva, las buenas cuentas macroeconómicas resultan insuficientes, porque no dan sostenibilidad al crecimiento a mediano plazo y no garantizan el desarrollo. Adicionalmente, el crecimiento sin distribución genera tensiones sociales e inestabilidad política.
Los resultados de las elecciones revelan el profundo malestar de la sociedad peruana. En particular, la insatisfacción de los desamparados con un modelo económico que se muestra generoso con los que tienen más y avaro con los humildes. Se ha atrevido a reconocerlo el propio Toledo al término de la primera vuelta.
“Esta elección es un llamado de atención del país, principalmente a sus fuerzas políticas y económicas. El modelo de crecimiento económico no llega a la mayoría de peruanos y nuestros compatriotas han expresado ese descontento en las urnas”. Y ese descontento se ha personalizado en Humala y Keiko Fujimori.
Ollanta Humala repite en Perú, casi con calco, lo que viene sucediendo en la región en la última década. La emergencia de un nuevo liderazgo que ha reemplazado a la clase política tradicional.
Ese liderazgo se ha propuesto la construcción de un proyecto alternativo al neoliberalismo y apunta a reducir las desigualdades, fortaleciendo el Estado aunque sin modificar la economía de mercado. Con la excepción de Chile, Colombia y el Perú, la región ha avanzado en esa dirección, con éxitos y fracasos, debilidades y fortalezas. Esa es la realidad ineludible. Ahora le corresponde al Perú.
Es cierto que existen dudas sobre Humala. Sin embargo, no son tan distintas a las que provocó Lula, Mujica, Correa o Evo, en un primer momento. Pero el mismo candidato ha hecho esfuerzos para mostrarse cercano al líder brasileño antes que a Chávez.
Ha moderado incluso su discurso nacionalista y antichileno. Por lo demás, se verá obligado a negociaciones políticas con variados sectores antes de la segunda vuelta, y posteriormente si alcanza la presidencia, ya que el Parlamento no lo favorece.
Por su parte, Keiko Fujimori difícilmente podrá hacer olvidar al gobierno de su padre. Ello representa un peso difícil de sobrellevar. Derechos humanos avasallados, corrupción rampante. Lo ha dicho categóricamente Vargas Llosa en Chile: “sería deshonroso que los peruanos reivindicaran una de las dictaduras más atroces que hemos tenido, cuyos responsables están además en las cárceles cumpliendo condenas de 25 años, empezando por el propio (Alberto) Fujimori" (El Mostrador, 12-04-11).
Todo indica que el camino se encuentra abierto para el éxito de Humala en la segunda vuelta. Tendrá que hacer un esfuerzo para lograr consensos con el mundo político y económico, pero sin renunciar a las demandas populares que representa y que lo han colocado en el centro de la vida política peruana. El triunfo de Humala es altamente probable. 

Etiquetas: , , , , ,

sábado, 16 de abril de 2011

PERU ELECTION: LEFT TURN VERSUS U-TURN. By Max Cameron and Fabiola Bazo

Este es un extenso análisis realizado por Max Cameron y Fabiola Bazo publicado en The Mark sobre el resurgimiento de la familia Fujimori en las elecciones de este año y su amenaza en el desarrollo del Perú: This past Sunday, Peruvian voters selected Ollanta Humala (under the banner of Gana Perú) and Keiko Fujimori (Fuerza 2011) to enter a second round of voting, or ballotage. Voters chose between 10 candidates for the presidency, and from 13 congressional slates. Definitive parliamentary results will not be known for days (or weeks), but it appears that Gana Perú and Fuerza 2011 will obtain the largest number of seats in Congress, followed by Alejandro Toledo’s Perú Posible. The runoff will be held on Sunday, June 5.

Humala was the only candidate to occupy the centre-left of the political spectrum. This is what got him into the top running in the last presidential election (2006). At that time, he lost in the runoff against a superior tactician, Peru’s current president, Alan García of the Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). Under an amendment to Peru’s 1993 constitution, García was not allowed to run for re-election this time, and APRA did not even field a presidential candidate.

Unlike in 2006, when Humala aligned himself with Venezuela’s Hugo Chavez, in this election he has presented himself as a leader in the mould of the former moderate-leftist president of Brazil, Luiz Inácio Lula da Silva. By running a tighter, more professional campaign – one that cast him in a kinder, gentler light, as a caring father and husband and a moderate democratic leader – Humala significantly lowered the number of voters who viewed him negatively.

Humala’s success in the first round exposed the errors of politicians on the democratic right, many of whom believed that García’s victory in 2006 signalled the definitive triumph of moderation and market-friendly policies over populist nationalism. If Humala failed in 2006, they reasoned, his chances were even bleaker in 2011 after another five years of rapid economic growth. The assumption that the economic model was not at risk lulled the right into complacency.

Discounting the need for unity, the right ran three candidates rather than one: Alejandro Toledo (Perú Posible), president from 2001-2006; Pedro Pablo Kuczynski (Alianza por el Gran Cambio), former prime minister and minister of finance in the Alejandro Toledo administration – which ran the country from 2001 to 2006; and Luis Castañeda Lossio (Solidaridad Nacional), former mayor of Lima. Try as many did, Peru’s right could not unite for this election.

Running against Humala is Keiko Fujimori, daughter of former Peruvian president Alberto Fujimori, who is currently serving a 25-year prison sentence for crimes against humanity. A victory by Keiko Fujimori would be a serious setback for Peru’s democracy. It would open the doors to the return to mafia rule and rampant corruption, to the abuse of power, and to the violation of basic constitutional precepts. It would also be a step toward the consolidation of a dynasty: Keiko Fujimori is not the only member of the Fujimori family to do well in this election. Alberto Fujimori’s youngest son, Kenyi Fujimori, who ran for Congress, appears to have obtained the largest number of votes in Lima, just as Keiko did in 2006. Many believe that, if she were elected, Keiko would immediately pardon her father. The joke is already circulating that Kenyi will run in 2021 so he can pardon Keiko, a clear allusion to the view that Keiko would end up in jail at the end of her mandate, as her father did, for human right abuses and corruption.

Despite the rapid economic growth that has taken place over the past eight or nine years, most Peruvians are deeply unhappy with the performance of their elected government. García’s approval ratings were very low during most of his term in office, and his predecessor, Toledo, was equally unpopular. They both failed to use economic prosperity to vigorously attack poverty and inequality. Many Peruvians simply do not feel they have benefited enough from the economic bonanza.

Furthermore, although poverty has, in fact, declined, and the central government has enjoyed unprecedented fiscal revenues, the Peruvian state has not had the capacity to undertake the kinds of social investments necessary to overcome entrenched patterns of social exclusion. Even the World Bank has suggested that Peru’s spectacular growth has been so riddled with inequality that policies are needed to address social gaps. For Peru’s political right, however, any form of intervention raises the spectre of authoritarianism – of the military government of the 1970s, and of Hugo Chavez, Evo Morales, and Rafael Correa.

Finally, the intensity of social conflicts in recent years is another sign that not all is well. Research conducted by the Andean Democracy Research Network has found that Peru’s democratic regime is one of the least participatory in the region. There are intense social conflicts across the country, often provoked by struggles over access to revenues generated by natural-resource exploitation or by the negative externalities of such investments, like the contamination of water needed for drinking and agriculture.

These conflicts have occasionally erupted in deadly violence, as in the confrontation between security forces and Amazonian protesters in Bagua in 2009. Just days prior to the election, in the town of Islay, in the Department of Arequipa, three people were killed and hundreds wounded when they were repressed by authorities after burning city hall and the headquarters of the APRA party in protests against the Southern Peru Corporation.

Whoever wins the runoff in June will govern a country that has serious political and social problems, despite a decade of economic growth. Although conservative pundits worry that Humala will follow Chavez’s model and use constitutional reform to impose radical change, it is more likely that he will find himself fenced in by a hostile media, a wary business community, a dysfunctional state, and a fragmented congress. If Keiko Fujimori is elected, the current economic model would be preserved, seasoned with populist poverty-alleviation strategies and contempt for democratic institutions.

Etiquetas: , , , , , , , ,