viernes, 6 de mayo de 2011

¿QUÉ LES DIREMOS? HILDEBRANT EN SUS TRECE

Bajo el título con sonido culpable de ¿Qué les diremos?, César Hildebrandt realiza un análisis y crítica de nuestra moral frente a la intención de voto hacia Keiko Fujimori, candidata a la presidencia por Fuerza 2011 en su columna Hildebrant en sus trece, de hoy viernes 6 de mayo del 2011:

A mí lo que me preocupa es qué les vamos a decir a los jóvenes inteligentes e ilustrados (claro que los hay) si Keiko Fujimori, como parece que podría suceder, llega a la presidencia.

"¿No es esta señora la hija de un señor que está condenado a la cárcel por asesino y por ladrón?", preguntará el joven.
"Sí", le diremos. "Pero los hijos no heredan los defectos de sus padres. Tú, por ejemplo, eres más inteligente que tu padre".

"Ya sé que los niños no heredan los defectos de los padres. ¿Pero no es cierto que se la señora Keiko ha dicho que el de su padre fue el mejor gobierno de la historia del Perú? ¿No pidió para su padre, el otro día, un aplauso tan fuerte que se escuche hasta la DIROES?", preguntará el joven.

"Sí, pero eso lo hace por amor filial", disimularemos.
"¿Y no es cierto que el 90% de la gente que acompaña a la señora Keiko es la misma gente que acompañó, entre robos y crímenes de lesa humanidad, a su papá?".

"Sí, pero todos podemos cambiar", diremos.
"Ya sé que podemos cambiar", insistirá el joven. "Pero, entonces, ¿por qué el señor Souza o la señora Chávez siguen diciendo que los jueces que condenaron al señor Fujimori tendrán que pagar por lo que hicieron? ¿Ha cambiado el señor Trelles cuando dice que Fujimori pasará a la historia como el hombre que derrotó a la barbarie y que la democracia a veces puede interrumpirse, cuando la patria lo demanda?".

"Pero esas son opiniones", nos defenderemos.
"Pero, al fin y al cabo, lo de Hitler también era una opinión", dirá el joven, entre irónico y fulmíneo.
Y en ese momento sentiremos vergüenza. Asco y vergüenza. Y ya no diremos nada. Y trataremos de salir de la escena. Pero como la juventud es divina pero inmensamente cruel, entonces el joven cogerá una manga de nuestra chaqueta, nos hará voltear y nos preguntará demostrando que lee y que se interesa por la historia:

- ¿Puede usted decirme si algún hijo de Anastasio Somoza fue presidente?
- No, ninguno.
- ¿Y algún hijo de Trujillo?
- Tampoco.
- ¿Y de Pérez Jiménez?
- No. Pero, ¿a dónde quieres llegar?
- A que somos muy especiales, ¿verdad?
Y nos podremos rojos. De vergüenza y asco. Y volveremos a irnos y callarnos. Entonces el joven, casi a gritos, nos preguntará más corrosivo que nunca:

- ¿No nos dijo usted que las elecciones servían también para medir la dignidad de un pueblo?
Y no tendremos nada que decir.

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