viernes, 13 de mayo de 2011

CÉSAR HILDEBRANT: EL DEBATE ELECTORAL ESTÁ EN PELIGRO

"Quienes voten por Keiko no podrán evitar la cercanía de los crímenes. Por más que digan que lo hacen por el Perú"
MATICES, columna de César Hildebrandt, 13 de Mayo 2011.

El debate electoral está en peligro porque el fujimorismo insiste en vetar dos temas absolutamente trascendentales:

a) democracia y derechos humanos; y
b) corrupción.

Al cierre de esta edición, un vocero de Ganar Perú confirmó que se esperaba una reunión de última hora en la que se seguiría negociando el asunto. El portavoz, sin embargo, dijo no estar demasiado esperanzado respecto del desenlace: "Los fujimoristas se niegan a aceptar hablar de esos temas. Quieren limitarse a planes de gobierno y economía. Y claro, así el debate se reduciría a una disputa de promesas", dijo.

Es natural que a los herederos de la década mafiosa no les interese hablar de corrupción, democracia ni derechos humanos.

Al final de cuentas, vivieron de las corrupción, se burlaron de la democracia y violaron, con escuadrones de la muerte manejados desde la presidencia de la república, los derechos humanos. Eso lo sabemos hace varios cientos de millones de dólares y hace miles de muertos.

Que la gente se entere: si no hay debate electoral será porque la renovada banda dirigida desde prisión se niega a tocar los temas en los que es más vulnerable.

Ha habido también dificultades, hasta hoy no resueltas, respecto de quién podría moderar el debate. El humalismo propuso a Zenaida Solís, Luis Peirano y Augusto Álvarez Rodrich. El fujimorismo rechazó las tres propuestas argumentando que la moderación debía estar a cargo de Federico Salazar o José María Salcedo, quienes participaron en los dos debates de la primera vuelta.

En fin, eso es un asunto menor. Lo mayor es el talante del hampa que quiere volver. Su soberbia y su intransigencia anuncia lo que sería su gobierno: un monólogo mañoso en un quinqueno otra vez teñido de lo peor.

Los documentos que publicamos en esta edición tienen mucho que ver con el miedo que el tema corrupción desata en las filas de Fujimori. Ellos prueban hasta la redundancia que la señora K. Fujimori sabía perfectamente que su padre manejaba dinero sucio. Y lo sabía ¡porque lo recibía! ¡Y lo recibió cada mes durante varios años!

¿Quién lo dice? Pues lo dice la propia señora K. Fujimori en declaración testimonial vertida en el ministerio público. (Ver semanario "Hildebrandt en sus trece")

Que quienes van a votar por Keiko Fujimori se enfrente a la verdad: ayudarán a que una reducidora y una cómplice de latrocinio que hoy disfruta de una prosperidad inconfesable, gobierne el perú.

Que no nos vengan con el cuento del mal menor, el voto obligado, la opción resignada. Van a votar por alguien que tiene pasado policial, presente dudoso y futuro asegurado. Y que no sólo liberará a su padre (y anexos) con alguna jugarreta legal que pase por el T Const. Liberará y hará reinar lo más oscuro del Perú, el peor estigma de sus clases dominantes y de sus sirvientes rentados o hipnotizados, una cierta cobardía cívica, una capacidad enorme de perder la dignidad, una avaricia a prueba de vergüenzas.

La pregunta más urgente quizá no es qué hacer. La pregunta que la decencia dicta es qué no debemos hacer.

La respuesta instintiva de cualquiera que no esté manchado por la peste de la corrupción tendría que ser no votar por quien reivindicará con su solo ascenso al poder a una pandilla de ladrones y asesinos que usó la política como tapadera.

Si Humala produjera absoluto rechazo porque muchos pueden verlo como un nudo de dudas, un crucero sin señas, un viento caprichoso, pues entonces a votar en blanco. A obligarnos a una nueva elección. A limpiar el panorama con un gesto masivo de rechazo a este dilema que nos han impuesto.

El señor Chlimper, el matón de los balazos en contra de los portuarios que hagan huelga, votará por K. Fujimori. El señor Raúl Vargas volverá a servir a los Fujimori. El señor Joy Way votará, ahora que ya no está preso, por Fujimori. Y lo mismo harían los encarcelados de uniforme que deshonraron a Bolognesi, a Grau, a Quiñones. Y lo mismo harán los prófugos de todas las coordenadas que esperan la prescripción o el triunfo de K. Fujimori. Todos ellos aman a K. Fujimori.

Y quienes voten por ella no podrán evitar la proximidad de esos prontuarios, la cercanía amistosa de esos crímenes. Por más que digan que lo hacen por el Perú.

El Perú no merece esos favores. El Perú es algo más que una suma de codicias.

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viernes, 6 de mayo de 2011

¿QUÉ LES DIREMOS? HILDEBRANT EN SUS TRECE

Bajo el título con sonido culpable de ¿Qué les diremos?, César Hildebrandt realiza un análisis y crítica de nuestra moral frente a la intención de voto hacia Keiko Fujimori, candidata a la presidencia por Fuerza 2011 en su columna Hildebrant en sus trece, de hoy viernes 6 de mayo del 2011:

A mí lo que me preocupa es qué les vamos a decir a los jóvenes inteligentes e ilustrados (claro que los hay) si Keiko Fujimori, como parece que podría suceder, llega a la presidencia.

"¿No es esta señora la hija de un señor que está condenado a la cárcel por asesino y por ladrón?", preguntará el joven.
"Sí", le diremos. "Pero los hijos no heredan los defectos de sus padres. Tú, por ejemplo, eres más inteligente que tu padre".

"Ya sé que los niños no heredan los defectos de los padres. ¿Pero no es cierto que se la señora Keiko ha dicho que el de su padre fue el mejor gobierno de la historia del Perú? ¿No pidió para su padre, el otro día, un aplauso tan fuerte que se escuche hasta la DIROES?", preguntará el joven.

"Sí, pero eso lo hace por amor filial", disimularemos.
"¿Y no es cierto que el 90% de la gente que acompaña a la señora Keiko es la misma gente que acompañó, entre robos y crímenes de lesa humanidad, a su papá?".

"Sí, pero todos podemos cambiar", diremos.
"Ya sé que podemos cambiar", insistirá el joven. "Pero, entonces, ¿por qué el señor Souza o la señora Chávez siguen diciendo que los jueces que condenaron al señor Fujimori tendrán que pagar por lo que hicieron? ¿Ha cambiado el señor Trelles cuando dice que Fujimori pasará a la historia como el hombre que derrotó a la barbarie y que la democracia a veces puede interrumpirse, cuando la patria lo demanda?".

"Pero esas son opiniones", nos defenderemos.
"Pero, al fin y al cabo, lo de Hitler también era una opinión", dirá el joven, entre irónico y fulmíneo.
Y en ese momento sentiremos vergüenza. Asco y vergüenza. Y ya no diremos nada. Y trataremos de salir de la escena. Pero como la juventud es divina pero inmensamente cruel, entonces el joven cogerá una manga de nuestra chaqueta, nos hará voltear y nos preguntará demostrando que lee y que se interesa por la historia:

- ¿Puede usted decirme si algún hijo de Anastasio Somoza fue presidente?
- No, ninguno.
- ¿Y algún hijo de Trujillo?
- Tampoco.
- ¿Y de Pérez Jiménez?
- No. Pero, ¿a dónde quieres llegar?
- A que somos muy especiales, ¿verdad?
Y nos podremos rojos. De vergüenza y asco. Y volveremos a irnos y callarnos. Entonces el joven, casi a gritos, nos preguntará más corrosivo que nunca:

- ¿No nos dijo usted que las elecciones servían también para medir la dignidad de un pueblo?
Y no tendremos nada que decir.

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martes, 19 de abril de 2011

CÉSAR HILDEBRANT: HUMALA SE PASA AL CENTRO

Gracias al blog Cooltura tenemos este artículo escrito por el periodista César Hildebrandt titulado Humala se pasa al centro sobre las posibilidades de Ollanta Humala para ganar las elecciones. En su semanario se preguntó “si Humala se ha desplazado al centro- izquierda, ¿Qué hacen algunos personales venerables, encarnaciones de la izquierda previa a la caída del muro, acompañándolo, hablando en su nombre?”:

Las elecciones del domingo 10 han voceado algo. El problema es que hay sectores del país, educados en el conservadurismo blindado, que hace tiempo que no oyen. Por eso es que un vasto homicida como Abimael Guzmán tuvo un día la maldita ocurrencia de hablar con dinamita. El trinitrotolueno sí que se hace escuchar. Tuvimos que cruzar varios ríos de sangre para salir del atolladero.

Entonces, cuando Guzmán estuvo preso y sus huestes de hechura camboyana derrotadas, la derecha volvió a pensar que el Perú era su chacra. Y con la ayuda de un populista que nada de liberal tenía – me refiero a Alberto Fujimori-arrinconó a los sindicatos, vendió a precios de liquidación las empresas del Estado y profirió una Constitución que privilegia la inversión foránea frente a la industria y agricultura nacionales.

Todo iba bien porque Toledo se pasó sus cinco años llevando cemento al hombro para construir el segundo piso del fujimorismo (fueron sus palabras) y luego García tomó la posta y se situó a la derecha de Gengis Khan. Claro, hubo un pequeño inconveniente: en el intermedio hubo un gran susto: un ex militar con mala facha y promesas de cambio había ganado la primera vuelta y había perdido con las justas la segunda.

Allí estuvo el primer ulular de los bomberos. Pero la derecha no lo escuchó. Y aplaudió a García no sólo en lo bueno que hizo que algo hizo sino, sobre todo, en lo malo: más corrupción, más asistencialismo en vez de empleos, más sumisión rastrera a todo lo que no fuera peruano, más derechismo que con Odría.

Felices estaban en esta Little Lima cuando, de pronto, el cuco se aparece de nuevo. Y vuelve a ganar en la primera vuelta.

¿Sucederá lo mismo que en el 2006? Es decir, ¿podrán cundir otra vez los miedos? ¿Aceptará la gente, intoxicada por la nauseabunda televisión, que la caricatura valga más que el retrato? ¿Se podrá vender bien a K. Fujimori, la dama china del tablero de los Kruger y los Chlimper?

La gente pide cambios. No pide apocalipsis. Quiere que haya menos injusticias. No quiere venganzas sociales. Quiere que el Estado arbitre. No quiere una economía sovietizada, Aspira a la esperanza y no al odio.

Al cerrar esta columna le pregunté a un humalista hasta dónde están dispuestos a ceder para espantar al miedo. Me dijo sinceramente: "Hasta donde sea necesario pero sin comprometer nuestra política de redistribuir mejor la bonanza"

¿Y dónde está la frontera de lo necesario? Pues ese es el gran asunto, el candente dilema que el nacionalismo intentará enfrentar con éxito.

Por supuesto que no tendrá éxito alguno si permite que algunos de sus voceros metan la pata. Y aquí quiero referirme a Carlos Tapia. Este buen señor tiene problemas de salud relacionados con el sistema circulatorio cerebral. Se está recuperando, pero es un proceso lento. El humalismo cometió una falta grave al permitir, por un olvido casi administrativo, que Tapia conservara la calidad de portavoz partidario, privilegio que le fuera concedido en el 2006, cuando reemplazó a un desbocado Abugattas.

El Partido Nacionalista parece eufórico. Algunos congresistas del PPC han llamado, por lo bajo, a expresar que están dispuestos a colaborar. Mil cuatrocientos personeros de Perú Posible estarían dispuestos a trabajar en la supervisión de los recuentos de votos en la segunda vuelta. Se espera para estos días un contacto institucional con Acción Popular. V la reunión con PPK ha legitimado el triunfo de Humala. De allí a firmar la propuesta de un consenso ideado por el candidato binacional hay un trecho, pero me atrevo a decir que hasta a eso están dispuestos a llegar los humalistas.

Si Humala tiene que vencer la guerra del miedo y la guerrilla de los rumores malsanos (hay gente en los mercados que anda diciendo que los puestos de verduleras y vendedoras de pescado serán expropiados), Keiko Fujimori tiene que derrotar al pasado que la persigue. Eso tiene las características de lo casi imposible si se tiene en cuenta que para ello, de un modo u otro, la candidatura tendría que renegar de su padre. Y eso sería como renegar de sí misma.

El problema de Humala es el futuro. El de la señora Fujimori es el antier. Y ambos tienen adherentes fieles pero también una, multitud de detractores. Según CPI, el 58 por ciento de los encuestadores sostuvo hace poco que jamás votaría por la candidata del Fujimorismo. Y esa cifra es mayor en el caso de Humala: 62 por ciento. El sondeo se hizo antes de la primera vuelta.

Pero, claro, la segunda vuelta es un reseteo de fobias y filias y quien dijo jamás en abril podría decir quizás en junio.

Manuel Saavedra calcula que el nivel de indecisos ronda en este momento el 25 por ciento. Y calcula que mucha gente puede estar dejándose tentar por aquella especie que circula en la red: votar blanco o viciado.

Nada sería peor para el Perú que un triunfo precario de cualquiera de los dos. Una votación esmirriada y un congreso hecho añicos anunciarían una gobernabilidad más que difícil.

La polarización a lo Francisco Franco es lo que persigue la derecha. Ni Humala ni sus aliados deberían caer en este juego. Apenas acepten esos términos los diarios que bancan a K. Fujimori dirán: ¿No ven? ¡Allí están los que quieren borrarnos del mapa!

El Perú se la juega en junio. Pero ya es hora de decir qué está en juego. Están en juego la posibilidad de un reformismo amansado y maduro que está dispuesto a Firmar un compromiso por la democracia, por un lado, y la posibilidad de arriesgarnos a votar por quienes son los orgullosos herederos de la podre, por el otro. No tengo ninguna duda de que, salvo que K. Fujimori haga un deslinde absolutamente claro, el fujimorismo de hoy es el de ayer con mejores relacionistas públicos.

Mucha gente se pregunta con absoluta razón: si Humala se ha desplazado al centro- izquierda, ¿Qué hacen algunos personales venerables, encarnaciones de la izquierda previa a la caída del muro, acompañándolo, hablando en su nombre?

No estaría de más que el candidato de Gana Perú pusiera las cosas en su sitio. Esos patriarcas son valiosos y se merecen todos los respetos, pero no son los que van a gobernar. Y no van a gobernar porque el mundo ha cambiado cualitativamente desde que la Unión Soviética se partiera en 17 avos y la China practicara el combo de capitalismo salvaje con partido comunista en el mando.

La izquierda nueva respeta pero no ama la momia de Lenin. La izquierda nueva desprecia a Stalin. La izquierda nueva puede afirmar, sin vergüenza, que el maravilloso proyecto de socialismo liberatorio cubano ha terminado en una dictadura dinástica. A lo que no renuncia la izquierda moderna es a restablecer la justicia social y a luchar contra la pobreza no con caridad sino con empleos justos. Porque Humala debería tener cuidado cuando pone en retroceso a su 4×4. No vaya a ser que de tanto complacer a la derecha termine siendo otro prisionero, otro secuestrado, otro mentiroso, nuestro Obama. El punto exacto de las concesiones es el gran problema. Todo lo que desfigure la esencia de la propuesta debería ser descartado. Sí, porque en política, como en todo, hay cosas que no se negocian.

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jueves, 7 de abril de 2011

CÉSAR HILDEBRANT: NO VOTARÍA NI POR KEIKO NI POR PPK

Tenemos esta entrevista muy reveladora de Amanda Meza al periodista César Hildebrant titulada No votaría ni por Keiko ni por PPK, publicada en el Diario 16 el dìa de hoy en el que el periodista pone su punto de vista sobre sus posibles elecciones electorales:

Faltan tres días para que se realicen los comicios electorales y a más de uno le causa escozor tener que elegir entre los cinco candidatos con mayor preferencia del electorado. El periodista César Hildebrandt está entre ese número de peruanos que piensa que ninguno de los postulantes a la Presidencia reúne las condiciones para tal cargo, y aunque todavía no está seguro si votará por alguno o viciará su voto, sabe bien por quiénes no votaría "de ninguna manera".

"Seré honesto, ¿por quién voy a votar? Lo más probable es que vote en blanco. No votaría ni por Keiko ni por Pedro Pablo Kuczynski porque son extremos, porque pueden provocar el desorden total y esto se trata de hacer ajustes para que el crecimiento continúe", enfatizó el periodista en una entrevista con el portal lamula.pe.

Hildebrandt explicó que Kuczynski era un posible retorno al velasquismo, que no tiene ideología propia y que es un fenómeno creado por algunos jóvenes, especialmente limeños, a quienes recomendó leer un poco más de historia.

"PPK si fuera coherente debería venderse nomás... Él quiere dar siete pasos más a la derecha que Alan García, por ejemplo, a proyectos mineros. Con PPK es seguro que los estudios ambientales van a desaparecer. La certeza que tengo es que Kuczynski va a exacerbar tensiones, que vamos a volver a la violencia. Seguro los peruanos han dicho ¡Ohhhhhhh, un gringo nos puede salvar! PPK quiere venderlo todo, lo encubre bien y dice: Yo sé cómo hacerlo y la pregunta es: "¿Sabes hacer bien qué?", indicó.

En cuanto a Keiko Fujimori aseguró que no es una opción respetable. "A mí me espanta que voten por Keiko... Ella no es ninguna opción respetable, pudo serlo si tomaba distancia de su padre, pero en estos días ha confirmado ser la heredera absoluta del señor Fujimori. La autoridad es el papá, así como en Chile hubo un gobierno de la Magdalena, tendríamos un Gobierno de la Dinoes. No me vengan con que no sabían que la señora Keiko es Alberto Fujimori encarnada en una geisha", manifestó.

Cuando tocó el turno de analizar al candidato Ollanta Humala, el periodista señaló que era posible que después del debate haya perdido varios puntos en las preferencias; destacó la confusión en su programa de gobierno e incluso las equivocaciones ideológicas que se manifiestan al considerar -como lo ha dicho el propio ex comandante- que el nacionalismo es una "ideología".

"Ollanta Humala tiene mil defectos y 40 problemas, y un programa, si no doble, por lo menos confuso. El sigue creyendo que el nacionalismo es una ideología o un programa. Humala puede haber perdido puntos, porque en el debate daba una imagen de robot Panasonic. No había espontaneidad. Se me ocurrió que tenía un asesor brasileño, y tetudo; porque solo un brasileño tetudo le puede haber dicho: "Tú te vas a limitar solo a tus fichas, hagan lo que hagan los otros, y pase lo que pase no mueves tus fichas. Eso no es un asesor...yo creo que hay un topo ahí", manifestó.

Hildebrandt criticó duramente al electorado peruano, porque asegura que es "desmemoriado" y lee poco, sabe muy poco de su historia, lo que explica que siempre se encuentre en una disyuntiva al elegir mandatarios.

Pero, siguiendo con los candidatos, también opinó que Toledo y Kuczynski son prácticamente iguales al adoptar medidas conservadoras. "Toledo me parece un PPK moderado. Su gobierno fue tan de derecha que PPK fue bien recibido. Vamos a decir que no cambiamos nada, pero que hicimos mucho. Creo que Toledo al igual que PPK miente mucho, pero Toledo tiene miedo, le teme a Bagua; en cambio PPK no le teme a Bagua sino que viene a militar la economía", acotó.

Y tampoco dejó de hablar del saliente gobierno de Alan García, pero sobre todo, de García como persona. "Yo conocía a Alan García. ¿Cómo es rico Alan García? Porque nunca fue exitoso, nunca tuvo una empresa. ¿De dónde es rico Alan?", se preguntó en un momento.

Y aquí les dejo la entrevista en su "extensa", más de 1 hora, versión completa, gracias a La Mula:

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martes, 15 de marzo de 2011

CÉSAR HILDEBRANT: FUJIMORI EN EL PARAÍSO

Como una medida de frenar el apoyo popular a Keiko Fujimori, está circulando vía correo electrónico (al menos llegó a mi Yahoo! uno) este artículo escrito por César Hildebrandt titulado Fujimori en el Paraíso, publicado en el Diario La Primera el pasado domingo 5 de abril, en el que nos recuerda detalles sobre Fujimori y su gobierno, detalles que muchos parecen haber olvidado. Lo pongo en este blog sin ninguna intención de afectar a la Sra. Fujimori, pero la información manda, o al menos eso lo dice la gente:

Fujimori en el paraiso: (Diario La Primera - Domingo, 05 de Abril)

Escucho a Alberto Fujimori describir su paraíso de opio y compruebo que gente como él sólo puede prosperar en un país que tiene a un 40 por ciento de ciudadanos a los que les da lo mismo –lo dicen reiteradas encuestas- si los rige una democracia o una dictadura.

O sea que en el Perú hay un 40 por ciento de ciudadanos que casi aspiran a no ser ciudadanos y que quieren ser, a veces con fervor, vasallos tristes y alegres siervos de la gleba.

Detrás del fujimorismo está la capacidad de sumisión y la arrolladora ignorancia que lastiman el alma del Perú.

Escucho a Fujimori y me digo que si hubiera géiseres de cinismo sonarían como su voz.

Habla de coraje el hombre al que le temblaba la voz cuando se dirigió a buscar refugio en la embajada del Japón la noche del fallido golpe del general Salinas Sedó.

Habla de honor el hombre que emputeció a la Fuerza Armada, hizo del Congreso un chiquero, suprimió el orden constitucional, desconoció su firma y hasta su huella digital con tal de no pagarle una deuda a la madre de sus hijos.

Habla de orgullo de sí mismo el sujeto que quiso ser senador japonés para obtener la inmunidad que lo librara del alcance de la ley.

Habla de responsabilidad el hombre que llenó 45 maletas de videos, dinero y botines diversos, tomó el avión presidencial y pasó de Brunei a Tokio, donde pidió asilo y desde donde renunció por fax a la presidencia de la República.

Habla de amor por la patria el jefe de una banda que saqueó las cuentas del tesoro público por un valor que los más conservadores estiman en dos mil millones de dólares.

Habla del veredicto de la historia el sujeto que estaba pescando en Iquitos cuando la policía de la Dincote, sin ninguna ayuda de Montesinos, capturó a Abimael Guzmán, el hombre que huyó del país tras descubrirse cómo es que Montesinos compraba esos congresistas que hoy deben estar frotándose las manos.

Qué patético pobre diablo es Fujimori. Se atribuye todos los poderes para las cosas que salieron bien y se pinta como un presidente disminuido, desinformado e irresponsable cuando le mencionan los asesinatos que cometían los criminales a los que él felicitaba, ascendía y amnistiaba.

“Yo era comandante de la Fuerza Armada en el sentido en que un entrenador de fútbol comanda al equipo”, dijo ayer destilando la esencia de su legendaria cobardía.

O sea que debemos alabarlo por haber “comandado” las fuerzas armadas que derrotaron al senderismo, pero debemos exonerarlo de toda responsabilidad cuando esas mismas fuerzas armadas mataban ancianos, niños y mujeres en las alturas de Ayacucho.

Debemos agradecerle el haber sacado al país de la crisis económica en la que nos hundió Alan García –quien hizo tanto para que Fujimori lo sucediera-, pero tenemos que olvidar que con él todos los derechos del trabajador fueron abolidos, todo asomo de equidad fue perseguido, toda corrupción en el proceso de las privatizaciones fue posible.

Tenemos que decirle gracias por la paz con Ecuador –Tiwinza incluida, derechos de navegación ecuatorianos en ríos peruanos incluidos- pero no podemos recordarle su repugnante papel en la derrota peruana del Cenepa, cuando nuestros soldados carecían de logística, comunicaciones y, en muchos casos, de rancho y de zapatos.

Debemos ser gratos con su régimen porque “refundó el país” (Fujimori dixit), pero tenemos que olvidarnos de que quince de sus ministros o están presos o están con orden de captura por ladrones.

Debemos ser fujimoristas por las escuelas que sembró el Fonades, pero no debemos evocar la prensa inmunda que él creó para ensuciar a sus adversarios y, seguramente, “elevar el nivel cultural”.

Este demócrata que cerró el Congreso, este honrado que permitió la rapiña más grande de la que se tenga noticia, este ciudadano ejemplar que convirtió a un edecán en fiscal para entrar a robar maletas en la casa de Trinidad Becerra, este hombre decente que tuvo como socio a Montesinos, este estadista al que defienden sujetos como Saravá, este ángel que vivió entre alimañas, este hombre ejemplar que dio un golpe de Estado cuando su esposa, en un rapto de bendita locura, denunció los asaltos de la hermana Rosa y del cuñado Aritomi a la caja de Apenkai, este probo encubridor de Miyagusuku, esta vergüenza que grita lo que lee y juega con la voluntad de olvidar de los peruanos, este señor Fujimori, en suma, sigue siendo exactamente el mismo miserable que la miseria moral adora y hace suyo.

El secreto de Fujimori es que ha convertido en socialmente exitosos los peores vicios de la “peruanidad”: la crueldad en el tumulto, el cinismo como método y, sobre todo, la cobardía elevada a la categoría de función vital.

El triunfo de Keiko Fujimori, de darse, será el resumen vistoso de la tragicomedia nacional y una prueba de que hay países económicamente pujantes y moralmente inviables.

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domingo, 26 de septiembre de 2010

CÉSAR HILDEBRANT CRITICA A PPK Y SU "TEORÍA DEL MIEDO"

Seguimos con los puntos de vista de personajes destacados en el quehacer político nacional, y es el turno del renombrado periodista nacional César Hildebrant, quien publicó el viernes pasado en su semanario Hildebrant en sus Trece, un análisis detallado y con fundamentos sobre el miedo que ha creado gente como Pedro Pablo Kuczynski sobre un eventual triunfo de Susana Villarán con su partido Fuerza Social y las "terribles consecuencias económicas y sociales" que esto traería. Imperdible:


PPK es a veces una persona abominablemente inteligente. Hace en HD lo que otros hacen con chusquedad. Intriga como si estuviéramos en la vieja Florencia. No mata a puñaladas: envenena vertiendo unas gotas sacadas del compartimento secreto de una sortija. Es un cortesano y un quietista.

Dice PPK que los inversionistas extranjeros se pueden poner inquietos -y de hecho ya nos miran de reojo- si es que “las cosas se mueven en la dirección incorrecta”. O sea, si Susana Villarán gana las elecciones.

Y cita al Barclays Bank diciendo que es el primero que se ha puesto en alerta.

Me extraña que PPK, que es norteamericano de pasaporte, bolsillo y corazón, no sepa que, hace apenas un mes, los piratas financieros del Barclays Bank tuvieron que pagarle al gobierno de los Estados Unidos 298 millones de dólares por realizar transacciones de muchos ceros a la derecha con bancos de Cuba, Irán, Libia y Sudán. ¡Imagínense!

El Departamento de Justicia del gobierno estadounidense hizo la denuncia ante una corte de Nueva York porque comerciar con esos países está prohibido. Y el Barclays Bank hizo todos esos movimientos a través de la bolsa neoyorquina entre los años 1995 al 2006.

“Comercio con el enemigo” fue la acusación principal. Fue en un arreglo no judicial que el Barclays Bank se allanó a pagar los 298 millones de dólares.

¿A quién pretende asustar PPK?

¿Los banqueros especuladores que hicieron del capitalismo una mafia de derivados y de papeles basura están nerviosos porque en la remota Lima una izquierdista aggiornada puede llegar a la alcaldía provincial?

¡No me digan! ¿El Metropolitano se convertirá en el Metro de Moscú? ¿Las madres del vaso de leche levantarán el puño cada mañana? ¿Las escaleras de Castañeda se elevarán hasta el cielo rojo de Mao? ¿Patria Roja izará sus banderas en la Plaza de Armas?

¿Y PPK es el embajador del miedo? ¿Y debemos seguir su flauta como si fuéramos ratones?

No pensaba votar en estas elecciones. Ahora he decidido que sí iré a votar. Y votaré por Susana Villarán, la que, según PPK, desasosiega al Barclays Bank. Me fascina la idea de que la banquería internacional con epicentro en Londres se ponga saltona. Quiero vivir para verlo.

Votaré por Susana Villarán no sólo por sus méritos, sino porque PPK y sus cuyes mediáticos no la quieren.

Y porque me parece repugnante que la derecha quiera aterrorizarnos poniendo a la banca internacional como pretexto.

PPK miente a sabiendas.

Lo hace porque la derecha que él representa -la que viene del contrato Dreyfus, del fugitivo Mariano Ignacio Prado, del cauchero Arana, la madre de todas nuestras derrotas- cree que el Perú es su latifundio y que los peruanos son sus empleados.

Se trata de que nadie discuta nada esencial. Es el fin de la historia en versión de Juan Paredes Castro.

¿Que el modelo no redistribuye?

Eso no se discute.

¿Que nos estamos farreando esta prosperidad?

Eso no se discute.

¿Que los impuestos a las sobreganancias mineras son recomendados hasta por el FMI?

Eso no se discute.

Y cuidadito, peruanos de segunda, si eligen a alguien heterodoxo que haga recordar al barrantismo en olor de multitud.

Porque el Dios de Cipriani -no el que botó a los mercaderes del templo- ha establecido que Fukuyama tenía razón, que la historia ha terminado, que todo lo que venga será un eco redundante y que el libre mercado ha entrado en el santoral.

Ni Bartolomé Herrera se imaginó algo parecido. Ni Riva Agüero. Ni Beltrán.

La derecha que viene de Echenique y sus raterías, la que es hija de la huida y la traición, la nieta de Benavides, ha decidido que nada se puede mover sin que ella y la banca internacional -a veces tan prontuariada como cualquier delincuente- lo autoricen.

Y, claro, votar por la Villarán es desafinar. Porque piensan que la Villarán traerá a Humala. Y Humala es la pezuña del demonio.

Se equivocan. La Villarán lo que puede traer es un poco de aire fresco en esta atmósfera de pedorreos y audios decadentes. Y un poco de fiscalización. Y bastante decencia.

Y lo que puede lograr la Villarán es que Humala se dé cuenta de que el camino de las izquierdas pasa también por los planes concretos, la administración eficaz, las cuentas claras y la simpatía incluyente.

PPK y los suyos no entienden que la izquierda es una opción democrática y que expulsarla del sistema, como quieren sus cuyes, es empujarla al resentimiento y, eventualmente, a la violencia.

En Colombia, los conservadores mataron a tantos liberales que un día un grupo de ellos se fue al campo y no regresó. Hace 45 años que tienen ese cáncer que Uribe quiso curar a bombardeos.

Aquí los PPK no saben que Susana Villarán es lo que en Europa se llamaría una socialdemócrata. Y la socialdemocracia es el moderno centro.

Pero los burros no quieren ni siquiera que nos acerquemos al centro. Quieren la derecha de García, la manga ancha del converso García, las licitaciones del ex aprista García.

Prefieren el enjuague. Y pretenden que su miedo nos paralice.

Que se vayan ya saben dónde.

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