domingo, 17 de abril de 2011

LA BATALLA FINAL SERÁ EN LIMA. Por Fernando Tuesta Soldevilla

Han pasado a la segunda vuelta los candidatos más disciplinados, con las mejores campañas y los que no se sumergieron en las contracampañas, que sí agotaron a los otros. Pero en camino a la segunda vuelta, los candidatos Ollanta Humala y Keiko Fujimori tendrán que labrar duramente para conseguir aquellos votos que no solo les han sido esquivos en la primera elección, sino incluso provienen de serias resistencias, por lo que son y representan.
Es cierto que gran parte del resultado se explica y define por la propia campaña electoral. Pero, al lado de las campañas, los candidatos y, sobre todo, lo que representan, dibujan un perfil de su votante. Esto en el Perú no ha cambiado mucho en relación a lo que se ha configurado en las tres últimas décadas. En los 80, los cuatro importantes partidos tenían asentamientos preferentes y claros. El clásico sólido norte aprista, el centro y sur andino de izquierda, el limeño pepecismo y el oriente acciopopulista. Hoy los candidatos y partidos son distintos, pero esas denominémoslas regiones siguen más o menos el mismo patrón.
Castañeda: una escalera corta
No es una maldición, ni menos la mala suerte, pero Luis Castañeda, en su segundo intento por llegar a la Presidencia (1,8% en el 2000), logra menos del 10% de los votos, con lo que una vez más un ex alcalde no es elegido presidente (Luis Bedoya Reyes, Alfonso Barrantes, Ricardo Belmont y Alberto Andrade). Y es que si bien las gestiones exitosas de los cinco fueron plenamente reconocidas, en un Perú centralista, desatan también un antilimeñismo que impide este traslado entre palacios.
Es conocido que Castañeda nunca logró organizar un partido sólido. Los vínculos entre sus componentes pasaban más por lealtades hacia él. Su equipo de plan de gobierno era tan distinto como distante de su lista parlamentaria, como presidencial y sus voceros, cada cual más agresivo por defender a su líder, que no hizo sino aparecer una campaña sin rumbo y poco tolerante. De esta manera, Castañeda quedó quinto con el 9,8% de los votos, superado incluso por el promedio nacional de su lista parlamentaria (10,3%) y no gana en ningún departamento.

El perfil del voto solidario es básicamente limeño y urbano costeño. Lambayeque (donde nació y sacó su más alta votación), Lima, Callao, La Libertad e Ica superan su promedio nacional; pero de allí es poco lo que logra en el resto del país, sobre todo en la parte más pobre (Huancavelica, Apurímac, Ayacucho), donde su promedio es de 2,5%. Su discurso, basado en el logro de obras de ciudad metrópoli, está lejos de atraer votos de provincias.


Toledo: la experiencia no sirvió
Alejandro Toledo no solo ha sido presidente de la República sino que esta elección es su cuarta campaña (1995, 2000, 2001 y 2011). Pero aquello que sirve de experiencia y que era un punto a favor de su candidatura se convirtió en un efecto negativo.
Trazó una primera parte de una buena campaña que ayudó a recordar aquel aspecto positivo de su gobierno, lo que le abrió el espacio para tener la mejor adhesión de votos. Sin embargo, más tarde, no logró aplacar sus impulsos que lo convirtieron en un candidato que se peleaba sucesivamente con todos (M. Aráoz, Castañeda, Alan Gacía, Navas, Kuczynski), hasta aparecer con la soberbia que no podía evitar y que pagó caro con su caída a casi la mitad de su votación. Toledo había recogido un cierto voto de centro y centroizquierda, que fueron a parar a Humala.
Al observar el mapa de votación del partido de la chakana, nos muestra que sus mejores votaciones las tiene en el oriente peruano: Loreto, Huánuco, Amazonas, Madre de Dios y en el norte, salvo Piura y Lambayeque. Es decir, el corte de voto de acciopopulista y Somos Perú. Ahora es claro que Toledo sumó votos, en el 2001, de votantes de izquierda y Acción Popular. En el proceso de caída, Toledo perdió su voto de centroizquierda y se quedó con el acciopopulista, aliado de su candidatura.
PPK: Lima no es el Perú

Pedro Pablo Kuczynski logró asomarse a una segunda vuelta y contagió de entusiasmo a sectores del electorado. Pero quizá lo más importante fue su súbita trepada en las últimas semanas, acompañado por Humala y en sentido contrario de Toledo y Castañeda. Si PPK obtiene el 18,5% a presidencial, a nivel parlamentario logra algo menos, 14,4%. Es decir, hubo un trasvase de votos hacia él de otras candidaturas. Pero el efecto que produjo fue también de espejismo. Desde hace una década, quien gana en Lima no gana en el Perú (en primera vuelta). El resto del país se distancia, electoralmente hablando, de Lima. Siente, piensa y vota distinto y a veces contrario a la capital.

Si se observa su votación, aquel importante 18,5% se encuentra hiperconcentrado. Lima, Callao, Arequipa y Moquegua son los únicos departamentos que superan su promedio nacional, el resto es de porcentajes menores, llegando a tener en la región más pobre del Perú (Huancavelica, Apurímac y Ayacucho) entre 4% y 5%. Su voto es limeño y ubano costeño y, en estos departamentos, muy alto en los niveles socioeconómicos A y B, como mostraban las encuestas. Su hiperconcentración desarrolló un efecto de ganador que no se tradujo en la realidad y que se debía a que en aquellos sectores se concentran las élites. Su perfil es muy parecido al de Unidad Nacional del 2001 y 2006.


Keiko: el sólido norte fujimorista
Keiko no es Alberto Fujimori, pero no sería candidata sin su apellido. Su peso electoral se lo debe al efecto recuerdo y agradecimiento del gobierno del padre. Sin embargo, Keiko Fujimori hizo una campaña sobria y sin ingresar a contracampañas, como varios de los otros candidatos. Fue muy disciplinada en su estrategia y logró mantener su intención de voto e incluso un pequeño porcentaje adicional, que le permite estar en la segunda vuelta.
Al observar el mapa que dibuja su votación, nos encontramos con un sólido norte fujimorista. Gana a Humala en Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Cajamarca y tiene buenas votaciones en el oriente. Es posible que en el norte el voto aprista se hubiera desplazado a la agrupación que le ha sido próxima en este quinquenio. Su voto es parejo en Lima y a nivel nacional, pero desciende mucho en el sur: Cusco, Puno, Arequipa, Tacna, Madre de Dios. La candidatura fujimorista tiene resistencia y adhesión por la misma razón, el gobierno de Alberto Fujimori. Keiko es clave para lograr atraer aquel voto resistente y eso lo puede encontrar básicamente en Lima.
Humala: hoy como ayer

Al igual que Keiko, hizo la campaña más coherente y disciplinada. Su lectura atenta de la campaña del 2006 lo llevó a acumular imagen y posicionamiento, que le sirvió en el momento que se abrió la brecha en los primeros lugares y así atrajo los votos de electores de provincias y de distritos de menores ingresos de Lima. De esta manera, si se compara las votaciones del 2006 y 2011, se puede encontrar un parecido en los porcentajes, por departamento, impensada hace poco tiempo.
Terminada la elección del 2006 la figura de Humala se desdibujó desde una oposición que se confundía con una decepcionante desempeño de su bancada parlamentaria. Su intención de voto hasta hace casi dos meses era baja. Al caer Toledo y Castañeda, Humala era el único que seguía manteniendo un discurso sobre temas cercanos a la gente, pero además hablando de cambio, contra el resto que hablaba de continuidad. Es el sector del electorado que siempre ha votado por aquellos que encarnan las propuestas de cambio, moderado o radical.
Por esta razón, la geografía del voto humalista llega a superar la mayoría absoluta en varios departamentos pobres (Puno, Cusco, Ayacucho, Apurímac, Huancavelica) o de demandas sociales (Arequipa, Moquegua y Tacna). Lo más bajo, pero no tanto, se ubica en Lima y Callao (21%).
La batalla final será en Lima
Como suele suceder con los que pasan a la segunda vuelta, quienes votaron por Humala y Keiko volverán a votar por ellos. Por lo tanto, ambos candidatos deben ir a la captura del 45% de los electores, como lo hicieron Humala y García el 2006. Al ver la geografía de aquellos votantes, se puede apreciar que es en Lima y Callao donde el porcentaje de los que no votaron por ambos candidatos presidenciales supera el 55%, pero además es la plaza que concentra la mayor cantidad de votantes.
Si bien es importante que Castañeda, Toledo y Kuczynski intenten tener incidencia en la segunda vuelta, es claro que ya nadie en el Perú dirige el voto. No sabemos cómo ha respondido el electorado ante el resultado del 10 de abril, pues no hay encuestas aún, siendo esto como navegar sin brújula. Sin embargo, todo hace suponer que la segunda vuelta será muy competitiva y altamente polarizada (La República, domingo 17 de abril del 2011).

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