domingo, 10 de abril de 2011

QUE SE JODA EL RESTO

Por un descuido no intencional omití este interesantante artículo escrito por Patricia del Río en su columna de Perú 21 titulada QUE SE JODA EL RESTO, que analiza la campaña electoral y los aspectos más importantes que nos han colocado en la posición en la que nos hallamos, de aceptar una inminente segunda vuelta entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori (espero que a másde uno le sirva esta lectura):

Las campañas electorales son como radiografías de un país. Permiten descubrir lo que hemos alcanzado, aquello que nos falta conquistar, las contradicciones, las miserias que nos caracterizan. Esta campaña ha sido rara. Nos ha demostrado ángulos desconcertantes de nosotros mismos, algunos interesantes, otros esperanzadores, y por supuesto también están los indignantes. ¿Acaso alguien daba un sol porque PPK pegara en Puno o Arequipa con su propuesta? ¿No estaban ahí los antisistema, los más radicales? ¿Había algo más reacio y esquivo a Humala que la gran Lima? ¿Por qué Toledo se desmoronó tan rápido? Ya los politólogos nos explicarán.


Hay una pregunta, sin embargo, que merece especial atención: ¿Por qué Keiko Fujimori no recibe el rechazo de una población que padeció la corrupción y los excesos del gobierno de su padre? ¿Por qué si Alberto Fujimori pasará los próximos 23 años de su vida en prisión hay un grupo de peruanos dispuestos a apoyar a los mismos que aplaudieron y permitieron sus atrocidades? ¿Acaso no tenemos memoria? ¿Hemos olvidado los videos, de videos, que demostraron la prepotencia de un presidente que usó el Estado como botín?

Alguien me dirá que Keiko no tiene por qué cargar con los pasivos del Chino. Que son personas distintas. Podría ser, sin embargo, si han seguido el cierre de campaña con atención, se habrán dado cuenta de que la niña nunca cortó el cordón umbilical. Hace unos días proclamó la inocencia de papá y en su mitin pidió aplausos para que se escucharan hasta la Diroes. Así que ni lo sueñen. El proyecto fujimorista, que hoy defienden los que se sentaron tan cómodos en la salita del SIN con Vladimiro Montesinos, es esencialmente el mismo que antaño.

Por supuesto, que no pretendo juzgar aquí a aquellos peruanos, aún sumidos en la pobreza, que encuentran en el voto a Keiko una manera de agradecerle al Chino el hecho de que alguna vez los visitara y les arreglara un canal de regadío. Me parece natural que luego de la frivolidad del gobierno de Toledo y la indolencia del de García, esos pobres añoren la propuesta populista de Fujimori. Los que a mi criterio no tienen ninguna justificación, son los que están dispuestos a votar por Keiko para preservar un modelo económico. Los que creen que la democracia es un detalle superable cuando se trata de mantener las ganancias de la empresa. Aquellos a los que no les molesta que cierren el Congreso, se vuelen el Tribunal Constitucional y se apoderen del Poder Judicial con tal de que el Perú avance, aunque sea para unos cuantos.

¿Por qué es tan grave? Porque justamente es esta visión obtusa y cortoplacista la que cada cinco años nos pone al borde del abismo en los procesos electorales. Ollanta Humala no existiría como opción política si Alan García no hubiera insistido en encajarnos su política barata del Perro del Hortelano, que favoreció la exclusión y el resentimiento. Si hubiera aplicado el cambio responsable que prometió, en lugar de despreciar con su discurso mamarrachento y soberbio a quienes insistían en señalar que no se puede crecer de manera tan desigual sin que eso genere respuestas extremas. Pregúntenles sino por quién van a votar a los habitantes de Islay después de la sangrienta protesta contra el proyecto minero Tía María.

Y, por supuesto, Keiko tampoco sería una opción si estos mismos adoradores de este modelo imperfecto no consideraran su candidatura como un simple mal menor. O lo que es peor, como una posibilidad real y legítima en la que deberíamos confiar porque nos aleja del modelo chavista. ¿Total qué importa si se vuela unas cuantas instituciones en el camino, si va a poner orden y mantener las cifras macro? 

Lo más absurdo y paradójico de esta situación a la que podríamos enfrentarnos mañana, es que finalmente, los que votan por Keiko se han terminado pareciendo mucho a los que votan por Humala: apuestan por opciones que los benefician solo a ellos sin importarles el futuro del país, y su voto está guiado por la perfecta filosofía alpinchista “si yo voy a estar bien que se joda el resto”.

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